S?bado, 14 de enero de 2012

Salgo de casa sin ningún tipo de reflexión, impulsado por una emoción incapaz de discernir entre un hola y un adiós. No sé si trato de escapar o bien voy en busca de un nuevo lugar. No sé si al alejarme me acerco, o cuanto más cerca siento lo que fue lejano, en realidad más alejado estoy…  La vida, dicen, la vida… Pero, sí sé que en el borde de algunas aceras crece la hierba. Hoy soy un mundo que gira, que no cesa de moverse y siempre llega al mismo lugar.

El día es deslucido, con un viento que campa a sus anchas, un día en donde el Sol no se ha dignado a mostrarse. Camino, un paso y otro y otro… En el alfeizar de un cercano edificio una hilera de palomas parece debidamente ordenada, una de las aves abre y cierra sus alas. Las farolas de la calle aún no dan luz, ni siquiera sombra… y camino, un paso y otro y otro. Muere la avenida a los pies de un parque. Una hoja de periódico me hace ver un remolino de viento ¿Qué llevará escrito ese papel?

Lo que hoy es parque en mi niñez fue pomarada, donde incansables rumiadoras pacían adormiladas mientras sus pelajes blanquinegros acentuaban el llamativo verdor. Pronto en el prado se abrió una senda que recorríamos en rigurosa hilera de a uno, como si el pisar fuera de ella pudiese cambiar el mundo…  ¡y vaya si se transformó! La senda, recorrida por devoradores pasos que no tardaron en engullirse toda la hierba, se convirtió en camino de tierra. Cuarenta años después ya no hay barro ni charcos; asfalto… La vida, dicen, la vida…

Camino, un paso y otro y otro… Cuatro pegas picotean alejadas de la adelfa ¿cómo saben que esa planta envenena? Caen semillas de los pinos; como si de un boceto de Da Vinci se tratase perfilan en su trayecto formas helicoidales.
El parque palpita vida. Un parque cuyo corazón es un Campo Santo. Cementerios… demasiado racionales para ser refugio de los extintos, refugio que no es más que un rincón para la razón de los vivos. Cruzo el umbral. Los pasillos que separan los nichos son estrechos. Hay una escalera de madera tumbada en el suelo, uno de sus peldaños guarda la humedad que anuncia el invierno. Me detengo. Junto al nicho que contemplo, está el de un fallecido el mismo día, el mismo mes, el mismo año; alcanzó los noventa, mi viejo rozó los cuarenta y cuatro… La vida, dicen, la vida…

Según viene el aire de uno u otro lugar puedo oler diferentes flores. Las hojas del laurel sólo brillan por una de sus caras. Hoy, al otro lado del muro, no graznan las cornejas.
Seco mis lágrimas.


Su nombre en el mármol…
Una nube de mosquitos
me acompaña




Publicado por Atreyu15 @ 18:06  | La mirada del Lobo
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Comentarios
Publicado por violemivi
Martes, 06 de marzo de 2012 | 13:16

Veo que estas bien, aunque ya no pasas ni a saludar....(jajajajaa)

Me alegro cielo. Un besito