Mi?rcoles, 04 de agosto de 2010

Ya no se contonea? a merced del viento, ni siquiera tiene ramas que atestig?en lo que fue.

Hoy s?lo es un poste erguido arrancado del coraz?n de un ser le?oso, un hito al comienzo de una v?a verde que acumula en su base el polvo del transitado camino y en el que apenas se distingue, ya reseca y en su parte alta, una peque?a mancha de excremento que nos revela el descanso de un humilde gorri?n.

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Diez, quince, veinte pasos y ya me aparto de la senda. El viejo molino? sus puertas y ventanas tapiadas? la luz se cuela en el interior por su derruido tejado. Ya olvidado el antiguo eco del grano tritur?ndose entre sus muelas; hoy, prendido en el aire, el susurro de un riachuelo, que parece perdido, recorre su entorno. Crece la maleza a los pies de las paredes; en una de ellas, los colores de un grafiti cobran vida bajo la luz del sol estival.

Piso la hierba, la tierra a?n blanda por las ?ltimas lluvias; unas peque?as flores amarillas crecen junto a la alambrada.

Entrecruzados,

la yegua y su cr?a

se mordisquean

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Un poco m?s all?, siempre hay algo m?s all?, un puente de madera franquea el rio. El sonido de un timbre de bicicleta y el crujir de la gravilla me echan a un lado. Serpenteo al son de la senda y vuelvo la mirada siguiendo el curso del rio; los reflejos del sol en la rizada corriente se apagan en la negra boca del puente. Camino? un paso, luego otro. Dos peque?as sombras cruzan sobre el polvo amarillo; una se detiene? una lagartija sin cola bajo el sol.

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Huellas sobre huellas?

al borde del camino

una flor blanca

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Remonto? desciendo? me detengo? y camino? y la naturaleza y lo urbano se vuelven a rozar? El paso de unos coches me distrae.?

Un ?rbol seco -a un lado y a otro transitan los autos- hermoso entre ese caos. Trazada a tiral?neas y comp?s, sobre mi cabeza, la autov?a cruza el cielo ?a d?nde llevar??

Me desentiendo del cielo, retomo mi lugar en la oquedad de mi calzado, y camino? camino junto al rio. Las ca?as, tumbadas, me hablan de la reciente riada. Tan cristalina el agua? all? est?, hoy de nuevo la veo? la pata y tres de sus cr?as, dej?ndose llevar por la mansa corriente? no est? la cuarta. Contemplo en silencio? la crecida, me digo, y en un recodo los pierdo de vista.

Otra cuesta, una nueva pendiente. Un pino desarraigado, las pi?as van cayendo cerca del camino. El viento se vuelve polvo, las hojas cobran vida, cabecean las flores de los cardos... Sigo el revoloteo de las golondrinas. Por un instante dos de ellas detienen el acrob?tico vuelo, rozan sus alas, sus picos, enmudeciendo con sus gritos cualquier silbido del viento.

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En algunos prados, la hierba, reci?n segada, se est? secando al sol. Un grupo de mesas con sus bancos vacios, parecen esperar la llegada de la sombra de un cercano pinar. Nadie cerca? una botella, ya sin cerveza, desaf?a al viento olvidada en una esquina?

Y la senda gira y yo con ella. Desaparece mi sombra ante la imponente presencia del exiguo pinar.

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Voy pisando

los reflejos del sol

que atraviesan el pinar

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Y de nuevo el sol en la cara? y en las flores rosadas que crecen a la vera del oculto riachuelo? y a mis pies rebrota mi sombra, tan liviana, tan ef?mera? tan atrevida, y all? est?, encaram?ndose al ?rbol que ni siquiera alcanzo a tocar, ba??ndose en un rio sin poderse refrescar, acariciando la piel de la lagartija a la que no me puedo acercar, dando cobijo al gorri?n que a saltitos sobre ella la picotea sin cesar. Avanzo? se funde mi sombra con la del alisar.

Viento nordeste,

los frutos del aliso

prenden de una cerca

?

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Contin?o el trayecto. El sonido de los pasos se vuelve eco? otro puente. Se eleva ligeramente el sendero, puedo o?r el agua y el graznar de unos patos entre las ca?as que a?n ocultan el pantano. Vuelan, azules, verdosas, grandes lib?lulas que se llevan, de un lado a otro, el sol prendido en sus alas. Ahora s? el viento modela la superficie del agua. Los pollos del ?nade rodean a su madre, que los lleva hasta la orilla m?s alejada. Sobre un tronco seco dos patos picotean sus plumajes.

El sol ya est? alto, su brillo forja un cielo m?s azul. Hace tres horas largas que la puerta de casa qued? cerrada; vuelvo. Las ramas retorcidas de un casta?o seco son el ?ltimo recuerdo que me llevo.

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M?s all? del ?rbol seco,??

el vuelo en c?rculos

de una rapaz

?

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Publicado por Atreyu15 @ 23:37  | La mirada del Lobo
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Comentarios
Publicado por Invitado
Lunes, 16 de agosto de 2010 | 1:23

Hola Atreyu. Quería preguntarte si podrías leer algo que he escrito hace ya unos días y, si es que lo haces, darme una sincera opinión. Quizás te suene extraño lo que pido pero lo que sucede es que siempre me ha gustado leer y escribir, pero nunca nadie ha leído nada mio, y que mejor que alguien que escriba como vos lo haces y que no comparta ningún vínculo con mi persona (así su opinión falte de compromiso absurdo).

Gracias y si es que aceptas dime como enviarte mis escritos.
PD: Son textos muy cortos.

Saludos...

Publicado por Atreyu15
Martes, 17 de agosto de 2010 | 17:38