Viernes, 15 de enero de 2010

Otra tarde… y allí esta, recorriendo el paseo que une la pérgola con la vieja iglesia levantada a los pies del cerro. Bajo un impermeable azul oscuro que le llega por encima de las rodillas y una gorra calada hasta las cejas camina con las manos a la espalda. Sus pasos cortos y lentos se detienen cada pocos metros, como si con sus pies estuviese dibujando unos puntos suspensivos en el suelo del paseo, pausas que aprovecha, mientras gesticula y murmura, para mirar el mar. Es un hombre de cejas negras y pobladas, enmarañadas al igual que la melena que en vez de posarse sobre los hombros parece clavarse en ellos. Bigote y barba que son un todo, un todo que alcanza el tercer botón de la camisa y que curiosamente y a partir de ese mismo botón lleva desabrochada dejando entrever una camiseta raída de color velado, por cuyos agujeros asoma otra camiseta de más abrigo. Amarrado a la cintura con una cuerda anudada una y otra vez se arruga a los deseos del viento su holgado pantalón que de tan largo parece una prenda de vestir tirada sobre el suelo. Sus botas, en las que apenas se distingue la puntera, son de color negro desgastado por el sol y el salitre. Todo lo que lleva proviene de la basura y la caridad; hoy, pasados los años, aún me pregunto si el abandono es gris o sencillamente sólo nos despojamos de las cosas oscuras.

La tarde cae, el sol, por unos instantes, parece deshacerse sobre la mar y las nubes en un último esfuerzo muestran todo su color. El mendigo, al que llaman Cafrune, se sienta sobre uno de los bancos que ya empiezan a recoger la humedad de la noche. De una desvencijada mochila en la que guarda sus cosas, saca un revoltijo de papel de periódico entre los que asoman una botella de vino y un bocadillo de considerable tamaño; come sin prisas, bebe sin pausa, nunca habla… sólo murmura, murmura y calla; mientras, el viento se lleva las noticias atrasadas.

Otra tarde pasa… Con su mochila al hombro, alguna que otra miga en la barba y el bramido de la mar a su espalda veo como se aleja por las calles de la ciudad…

 

Anochece

la sombra del mendigo

dobla la esquina

 


Publicado por Atreyu15 @ 22:41  | La mirada del Lobo
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios