jueves, 17 de septiembre de 2009

En mitad del aula, con los puños apretados, contemplaba cabizbajo el lugar en donde tantos años había ejercido la docencia. Tenía el rostro crispado, los labios resecos y no cesaba de balbucear una letanía, apenas audible, de lo que parecían interminables preguntas: ¿Quién descubrió América? ¿Alguien puede decirme cuanto son 15 por 20? ¿Cuál es el río más largo del mundo?... A estas le siguieron decenas de preguntas nuevas y al igual que las anteriores ninguna fue contestada. Tan solo el silencio, que parecía burlarse de él, llegaba a sus oídos. Confuso, sin moverse del sitio, no pudo contener la ira y las lágrimas arroyaron por sus mejillas mientras las piernas, ya sin fuerzas, comenzaron a doblarse.

Fue así, arrodillado y sin cesar de murmurar como le encontraron mientras miraba la única pared que había quedado en pie tras el terremoto.

Aún perdura:

a la luz de una vela,

ese silencio

 

 

 


Tags: haiku, micro

Publicado por Atreyu15 @ 17:07  | Relatos del blog
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Comentarios
Publicado por Invitado
domingo, 21 de febrero de 2010 | 23:13
Lo mismo le pasó a un amigo mio. Estaba en el baño y el terremoto sobrevino justo cuando tiró de la cadena. Nunca comprendió que él no había sido el culpable.Sonrisa Gigante
Publicado por Atreyu15
martes, 23 de febrero de 2010 | 14:30
Buen sentido del humor Guiño