Jueves, 30 de julio de 2009
Hace pocos días acudí hasta Albacete en donde se celebraba el primer curso-encuentro del haiku hispano-americano. A través de un haibun (cuaderno de viaje en donde se dan cita la prosa y el haiku) trataré de narraros esta agradable experiencia.


¡Clac! La puerta quedó cerrada a mi espalda. No fue un sonido brusco, bien está decir que tampoco pasó desapercibido. Un clac cuyo eco aún persevera en mi cabeza. En la calle el viento del este disipa las nubes desenmascarando al sol, que brilla como un rostro sorprendido por un beso deseado.

Junto al portal una terraza con mesas y sillas rojas, repleta de charlas que se mezclan unas con otras bramando en mis oídos como si fuese una ola. Un taxi se detiene en doble fila y mi reflejo se aleja del portal hasta desaparecer tras el ruido de otra puerta al cerrarse.

Atravieso la estación de trenes, en el andén, aún solitario, una colilla pisoteada. Observo a uno y otro lado y la mirada sigue las vías que me llevan veinte años atrás… el calor del acero fundido, el sudor en la espalda y en el pecho que termina recogido en la cintura del pantalón, las partículas de grafito que, como seres brillantes, deambulan entre los rayos de luz… En el andén dos colillas, una todavía no ha sido pisada.

 

Ya en el vagón

mi sombra desaparece,

asientos libres


Y avanza el tren, y avanzo yo… una vieja ruta, un nuevo camino. Se interna el convoy entre la verde espesura, al igual que lo haría un machete en una frondosa selva… Asturias…atrás queda el sabor de la sal en los labios, el gorjeo de los tordos que de rama en rama recorren las pomaradas, los ecos del centenario Molinón que aún gritan el último gol…las fronterizas montañas… Cierro los ojos, respiro hondo…pero el aroma de la hierba no se aprecia tras un cristal. Vuelvo a mirar… la meseta, dorada, cruza veloz de un lado al otro de la ventanilla.

 

Una cigüeña,

su sombra en el reloj

sin manecillas

 

Tic-tac, tic-tac…se hace pequeña la vieja iglesia que un día decidió renunciar al transcurrir del tiempo. Un corto traqueteo al cruzar el puente de acero que se eleva sobre el rio. La fuerza del agua arrastra una rama ya sin savia, sólo la luz del sol se resiste a la corriente. Más allá, siempre hay algo más allá, un pozo abandonado, su boca tapiada…Un artilugio mecánico recorre el campo, a su paso, el agua reverdece lo allí plantado. Cambia la luz, nunca es la misma, y el cielo se desparrama sobre un infinito campo de girasoles. Se hace de noche, una voz anuncia la proximidad de Albacete, el tren reduce su marcha hasta detenerse. He llegado.

 

Lejos de casa

alzo la vista,

la luna sigue ahí

 



Tags: haiku, haibun

Publicado por Atreyu15 @ 17:45  | La mirada del Lobo
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