Miércoles, 17 de junio de 2009

Apenas se distingue el rastro del sol, las sombras alargadas ya son una sola. Las farolas, por tramos, se van iluminando y, poco a poco, su tono anaranjado se vuelve pálido llenándose la avenida de pequeñas lunas.

Ladra un perro,
recorre los tejados
la luna llena


Enciendo un cigarro y tras el humo, en la calle, de uno en uno, los coches, obedientes, se detienen ante la luz roja de un semáforo. Desde la ventana de casa, así, tan pequeños, parecen mascotas a los pies de sus dueños; mascotas de acero que tras una línea blanca esperan impacientes un pequeño gesto para proseguir su camino.


Un motor al ralentí
y se abre el semáforo...
Chirría un grillo


La noche se nubla, todo puede ser aún más oscuro. El arco de Orión dejó de titilar, el cazador se oculta y el graznido de las gaviotas se adueña de la ciudad. El aire se vuelve fresco y la llovizna se asoma revoloteando alrededor de las farolas, un enjambre de minúsculas gotas que parecen robarle la luz para depositarla, al final de su vuelo, sobre el asfalto. El agua transforma la ciudad, el sonido de los pasos se vuelve metálico y hasta los vehículos dejan una estela a su paso. Doy la última calada al cigarrillo y mi mirada, prendida del hilo de humo, se pierde en el cielo.


Anochecer,
el vuelo de una gaviota
junto a la luna

 

 

 


Tags: haiku

Publicado por Atreyu15 @ 0:51  | La mirada del Lobo
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