Jueves, 18 de septiembre de 2008

 


                                   

El cementerio de la villa es ovalado. Las gallinas del enterrador anidan en los nichos o escarban las tumbas frescas hasta picotear los ojos de los difuntos pobres. Por noviembre, sus deudos y familiares acuden al cementerio con hojitas verdes de perejil y se vuelven cada cual con su cestita de huevos.



Tags: Micro-relatos, Literatura, J. A. Ramírez Lozano, España

Publicado por Nereida4 @ 23:17  | Micro-relatos
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Publicado por Invitado
Jueves, 23 de octubre de 2014 | 1:58

Hermoso relato.