Lunes, 01 de septiembre de 2008




Cuenta la historia que había una vez un verdugo llamado Wang Lun, que vivía en el reino del segundo emperador de la dinastía Ming. Era famoso por su habilidad y rapidez al decapitar a sus víctimas, pero toda su vida había tenido una secreta aspiración jamás realizada todavía: cortar tan rápidamente el cuello de una persona que la cabeza quedara sobre el cuello, posada sobre él. Practicó y practicó y finalmente, en su año sesenta y seis, realizó su ambición.

Era un atareado día de ejecuciones y él despachaba cada hombre con graciosa velocidad; las cabezas rodaban en el polvo. Llegó el duodécimo hombre, empezó a subir el patíbulo y Wang Lun, con un golpe de su espada, lo decapitó con tal celeridad que la víctima continuó subiendo. Cuando llegó arriba, se dirigió airadamente al verdugo:

-¿Por qué prolongas mi agonía? -le preguntó-. ¡Habías sido tan misericordiosamente rápido con los otros!

Fue el gran momento de Wang Lun; había coronado el trabajo de toda su vida. En su rostro apareció una serena sonrisa; se volvió hacia su víctima y le dijo:

-Tenga la bondad de inclinar la cabeza, por favor.

 


Tags: Micro-relatos, Literatura, Arthur Koestler, Hungría

Publicado por Nereida4 @ 1:20  | Micro-relatos
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Comentarios
Publicado por lefkaz
Domingo, 19 de abril de 2009 | 6:10
Muy Bueno!!
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 28 de octubre de 2009 | 21:30
Increible
Publicado por Invitado
Martes, 31 de agosto de 2010 | 13:40

Plas Plas Plasssssssssssssss!

 

Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 09 de noviembre de 2016 | 15:15

bien , me gusto