Jueves, 27 de diciembre de 2007
Sosten?a un folio entre las manos, observaba el boceto dibujado, sin ning?n tipo de entusiasmo y con gesto mec?nico hizo una bola arroj?ndola con desgana en la papelera. Trabajaba en su casa, una edificaci?n de dos plantas situada en las afueras de una peque?a ciudad. Estaba encumbrada sobre una colina desde la que contemplaba, cada tarde, el sol del verano fundirse en el infinito mar de tonos acres que conformaban los tejados de la poblaci?n.
Era un aut?ntico obrero del arte, escultor de esfuerzo altruista que desbastaba fr?as piedras, extra?das en las albinas monta?as italianas, hasta dotarlas de las formas m?s bellas que los sue?os pudiesen presagiar.
El estudio ocupaba la planta inferior en el que un desmedido ventanal parec?a desnudar la estancia. En medio de aquel espacio se alzaba un gran bloque de m?rmol blanco en espera de ser modelado. No era la piedra de m?s calidad que pudo seleccionar en la cantera, llevaba cuarenta a?os arrancada a la monta?a y hab?a sido rechazada en varias ocasiones por otros escultores a causa de una peque?a veta que manifestaba su fragilidad. Nada de esto le ech? atr?s en su decisi?n.

Tom? el puntero y la bujarda, y una vez situado en lo alto del peque?o andamio que rodeaba la piedra, inici? decidido su desbaste. Las horas comenzaron a ser simples sombras que cruzaban tras su espalda, un af?n desmesurado se hab?a apropiado de sus sentidos. Apenas se alimentaba, y su descanso se limitaba a cortas siestas entre el polvo y las esquirlas que escup?a la gran mole de m?rmol. Una vez que extrajo las grandes masas, no quiso detenerse a dibujar los posibles perfiles de la figura buscada; hab?a morado en su sue?o tantas veces que all? donde fijara sus retinas pod?a intuirla sin condici?n.
Por sus manos pasaron cinceles de diferentes tama?os y formas, hizo uso del tr?pano y del taladro y como ?nico testigo, un sol que parec?a arrastrarse por el ventanal como un peque?o caracol dorado.Desconoc?a el tiempo que hab?a trascurrido. La despensa estaba completamente vac?a, el desorden era ley y el estudio presentaba el aspecto de una antigua ruina redimida de las entra?as de la tierra. A medida que su obra avanzaba, Miguel parec?a descomponerse. Su aspecto se tornaba inquietante. El pelo desali?ado; la barba, crecida en las ?ltimas semanas, se exhib?a descuidada; presentaba las manos hinchadas y llenas de rasgu?os; los jirones en la ropa y el polvo blanco que le cubr?a, al igual que si fuese un viejo mueble olvidado en un rinc?n, por momentos le hac?an confundirse con su propia obra. Era incapaz de erguir el cuello, el m?rmol parec?a haber anidado entre sus cervicales; los brazos, por instantes, se le agarrotaban y un continuo hormigueo se apoderaba de la punta de sus dedos. Apenas pod?a abrir los ojos, el polvo sobre las pesta?as era un lastre dif?cil de salvar. Sus movimientos se hicieron cansinos, casi robotizados. Pero nada de esto era ?bice que le hiciera desistir en el logro de su objetivo.

En el exterior, el paisaje se hab?a mudado, como contagiado por el trabajo de Miguel; las nieves hab?an hecho su aparici?n.
Completamente desnudo y enflaquecido hasta la extremidad, mov?a con parsimonia la escofina buscando los retoques finales a su estatua; la figura que ante sus ojos se presentaba no ten?a igual: el cabello parec?a cobrar vida bajo los contornos de las sombras. Los ojos, grandes, parec?an escarchados, a punto de llorar. Los labios, sellados, se mostraban ausentes, despertando el deseo de ser besados. Desnuda la esculpi?, de pechos peque?os que a luz de la luna aparentaban querer rebosar?
Nunca lleg? a finalizar su sue?o. La escofina abandon? sus manos, el v?rtigo cruz? su ensimismado cerebro y las ?ltimas fuerzas que le quedaban las entreg? en un p?stumo abrazo a la estatua.

Lleg? la primavera al pueblo. Aunque ya estaban acostumbrados a las singulares desapariciones del ?artista?, as? le llamaban el los corrillos de los bares, los vecinos empezaron a mostrarse extra?ados por su larga ausencia. Los rumores sobre la desaparici?n no tardaron en llegar a o?dos del puesto de polic?a, y tras unos d?as de infructuosa b?squeda en pos de alguno de sus familiares, se presentaron en la casa. Ante la ausencia de respuesta a sus llamadas a la puerta, decidieron forzar ?sta y entrar.

Cuentan los lugare?os que, cuando entraron en el estudio, flotaba en el ambiente una fina neblina ba?ada por la luz filtrada a trav?s del ventanal, cre?ndose una atm?sfera m?gica e irrepetible. Dicen, las mismas voces, que los agentes se quedaron inm?viles al contemplar la figura de la mujer sosteniendo entre sus brazos el cuerpo de Miguel. Se?alan, y esto tampoco lo digo yo, que al retirar el cad?ver de los brazos de la hermosa talla, una l?grima cruz? la mejilla de ?sta y que, al tocar el suelo, en cristal se transform?.
Publicado por Atreyu15 @ 19:30  | Relatos del blog
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Seudolus
Viernes, 28 de diciembre de 2007 | 18:15
Me gusta, sin entrar en detalles ya comentados otras veces, sobre puntos y comas, met?foras y dem?s. Llama la atenci?n como describes algunas herramientas y su forma de modelar la estatua, y el relato. Trae a mi recuerdo una leyenda, creo que es la de Pigmali?n, y una an?cdota sobre Miguel ?ngel y su David.
Pag? la creaci?n con su vida, pero esta le acogi? con un abrazo y un sollozo.
Hacerse cristal puede ser un buen final para una l?grima.
Publicado por Olivia07
Mi?rcoles, 02 de enero de 2008 | 19:05
Ya no me asombras querido amigo, que puedo agregar?
es hermoso.
Un beso y feliz a?o,
Adriana
Publicado por Pejooe
Lunes, 18 de febrero de 2008 | 19:40
Me encantan las obsesiones art?sticas. Buen relato. Un saludo