No sé si os pasa, pero yo nunca logro evitar que los restos de ceniza manchen la madera del mueble del comedor. Claro que… ¿qué sería de un dálmata sin su particular moteado? ¿Y un cielo sin nubes en su semblante? A veces quiero cambiar todo eso e inicio un nuevo camino con la certeza de que al mirar atrás podré encontrar las migas de pan que he ido arrojando, pero el destino, vestido de ser emplumado, engulle una y otra vez mi rastro. Entonces, confuso, trato de huir de mi propio lado…
Se alejó tanto de si mismo que terminó por encontrarse.