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Como la arena deslizándose entre los dedos, como el sol acariciando las montañas, como el agua flotando de los manantiales, así me sentía yo con su mirada. Así me sentía; vulnerable. Llena de amor, de pasión incontrolada, de miedos y ansiedades alimentados por falsas esperanzas. Como un barquito de papel en alta mar sin timón ni marinero, a punto de naufragar mi corazón estaba. Y llegó ÉL. Como una paloma visitó mi vida, tranquila y apaciblemente se anidó en mi alma, dando paz y color a una existencia estancada. Empecé a sentir su mirada, sus caricias sobre mi piel, sus húmedos y calientes besos, que me hacían estremecer. El agua ya no flotaba, la arena ya no se deslizaba, pero tenía siempre un gorrión alegre en mi ventana. Dejé de sentirme triste, dejé de sentirme desgraciada, dejé de soñar despierta, y pensar en el mañana, un mañana donde siempre tenga un gorrión alegre en mi ventana. Ahora, el sol sigue acariciando las montañas, tengo un gorrión alegre en mi ventana. |