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- ¿Cuánto, cuánto me quieres? –Preguntaste después que me besaste-. Y en tus ojos, vi la luz de los astros reflejada. Me besaste otra vez, contuve un grito y hundiendo el pensamiento y la mirada en la noche estrellada, quise medir ¡Oh ciego! la terrible espiral de lo infinito. - ¿Cuánto me quieres? –Repetiste luego con más ímpetu y fuego-. Dímelo. ¡Mi impaciencia te lo exige! - Cuando me muera lo sabrás. –Te dije-. Cuando en vano tus ojos me recuerden, sabrás, tal vez, lo que te quise. |