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En la noche mientras dormías, mientras tu cuerpo descansaba, tu mano tocaba la mía y mis labios te besaban. ¡Eras mía! ¡Mía! Eres mi niña, mi gran amor, el camino hacia una nueva vida. Eres mi niña, fruto de una pasión, de un amor hermoso que en ti se eterniza. Mirándote comprendí que merecía la pena estar viva. En esa noche larga y oscura comprendí que sin ti ya no seré la misma que los fantasmas del tiempo deberán irse a otra isla, y ahora soy madre y tu eras, eres y siempre serás mi querida y adorada hija. |