Martes, 21 de agosto de 2007
Un hombre llamado Mortal vino a la aldea de Omares y le dijo al primer ni?o que encontr?: avisa al viejo m?s viejo de la aldea, dile que hay un forastero que necesita hablar urgentemente con ?l.
Avis? el ni?o al viejo Arcino y le acompa?? de la mano hasta d?nde el hombre aguardaba muy nervioso.
?Se puede saber que es lo que usted desea y cual es la raz?n de tanta prisa...?, le requiri? el viejo Arcino.
Soy Mortal, dijo el hombre sin mirarle.
Todos lo somos dijo Arcino.
Mortal no es un nombre, mortal es una condici?n.
?Y a?n as?, aunque de una condici?n se trate, ser?a usted capaz de abrazarme..?, inquiri? el hombre.
Prefiero besar a este ni?o que dar un abrazo a un forastero, pero si de esa manera queda tranquilo, no me negar?. No es raro que llam?ndose de ese modo ande por el mundo como alma en pena.
Se abrazaron al pie del ?rbol m?s cercano.
Mortal de muerte y mortandad, musit? el hombre al o?do del viejo Arcino.
El que no lo entiende de esta manera lleva las de perder. La encomienda que traigo no es otra que la que mi nombre indica. No hay m?s plazo, la edad est? re?ida con la eternidad.
?Tanta prisa ten?as...? inquiri? el viejo, sintiendo que la vida se le iba por los brazos y las manos, de modo que el hombre apenas pod?a sujetarlo.
No te quejes que son pocos los que viven tanto.
No me quejo de que hayas venido a por m?, me conduelo del enga?o con que lo hiciste, y de ver asustado a ese pobre ni?o.
Publicado por Atreyu15 @ 16:34  | Micro-relatos
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Slavco23
Mi?rcoles, 22 de agosto de 2007 | 19:08
Absolutamente sin palabras.....me encant? este relato...