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En una noche estrellada, me preguntó: ¿me quieres? Vi su cara, sus ojos… me quedé muda, sin aliento, y un extraño temblor se apoderó de mi cuerpo. En una noche estrellada me dijo: yo, yo sí te quiero. Nuestros labios se fundieron como dos bolas de fuego, su mano cogió la mía, me abrazó y suavemente pronunció un “te quiero” y en ese momento supe que yo también lo estaba sintiendo. |