La incipiente luz del día se coló por la ventana entreabierta. Ana fue la primera en despertar, estaba estirándose cuando vio la ceniza que moteaba la colcha. No tardó en zarandear a su marido que permanecía refugiado en el sueño.
-¡Has vuelto a fumar en la cama! –le gritó con la voz todavía ronca.
Él se limitó a girarse y observarla con los ojos entreabiertos sin comprender muy bien lo que sucedía; el calor era agobiante y estaba empapado por el sudor.
Ese mismo día los informativos se hicieron eco de la noticia: la erupción del Popocatépetl se cobra dos víctimas.