Agua, ni quiebra hueso ni descalabra.
Dice que por miedo a mojarse no debe uno dejar de hacer aquello que de verdad importa, tanto más cuanto que
nunca llueve a gusto de todos y
cántaro más, cántaro menos, todos los años llueve lo mesmo.
El agua, como el buey; y el vino, como el rey.
Compara el refrán las dos bebidas: la primera, le parece propia de animales; la segunda, de reyes. También aconseja de cómo beberlas: la primera, sin moderación; la segunda, con cuidado exquisito.
Agua sobre agua, ni cura ni lava.
Dice que es necesario el concurso de otros elementos: a saber, el jabón y el añil, para lavar; y los rayos de sol, para curar.
Agua fría y pan caliente, nunca hicieron buen vientre.
Porque ambas cosas –advierte- son igualmente dañinas para el aparato digestivo.
¡Agua, agua, que se quema la fragua!
Satiriza a aquellos que demandan una ayuda desproporcionada para resolver algún problema.