Tenía la boca reseca, la respiración se le entrecortaba mientras crecía en su interior una desazón que le devoraba minuciosamente… Apenas se podía mover y el calor comenzaba a ser penoso. Intentó aflojarse el nudo de la corbata pero la rigidez de sus dedos le hizo desistir, el traje que llevaba puesto le resultaba estrecho y los impecables zapatos que lucia le oprimían los empeines. Padeció por un instante un pequeño vértigo; de súbito, el silencio que le velaba cedió su protagonismo a un ruido sordo que rítmicamente parecía desplomarse sobre él.
Despertó sobresaltado, la oscuridad que le envolvía le tranquilizó, nada había cambiado, seguía muerto.