lunes, 09 de julio de 2007
Cuando abrió los ojos el día era tan sólo una línea delgada en el horizonte. Tumbado sobre la hierba alzó su fuerte y curvado cuello mientras sus puntiagudas orejas se movieron nerviosas tratando de escuchar los sonidos que comenzaban a desperezarse en la montaña. Tenía restos de sangre en los ollares, aún así, podía distinguir claramente el olor de una hoguera no muy lejana –los humanos siempre encendían fuegos -. Con gran esfuerzo se irguió sobre sus patas que, aunque poderosas, presentaban grandes cortes y una de las pezuñas dañada seriamente. Su aspecto era ceniciento, la mezcla de polvo y sudor ocultaba su negro pelaje y le apelmazaba las crines. Grandes y crispados, los ojos no cesaban de otear a su alrededor a la vez que su cuello, una y otra vez, se doblaba en busca del verde pasto. Sabía que apenas disponía de tiempo, muy pronto, los hombres que le acosaban, estarían sobre él.
Desconocía el terreno por el que se movía. Estaba lejos de su manada, de su pradera, del cielo azul bajo el que habitualmente galopaba. Llevaban tras él dos días; era desigual la lucha que libraba.

Por un instante tensó todo el cuerpo, se giró sobre sus patas traseras, comenzó a desplazarse al trote, primero a su derecha a continuación a la izquierda, un baile inacabable que sólo se veía interrumpido para mostrar su desafiante piafar; allí estaban, frente a frente, hombres y caballo.
Relinchó excitado, si figura rampante detuvo por un momento el caminar de los tres hombres que comenzaban a rodearle. Apenas fueron unos segundos, aunque suficientes para secar las tres gargantas. No tenía salida, tras él un barranco que le cortaba el paso, y a pocos metros, como serpientes de cáñamo, comenzaban a silbar los lazos.
Esquivó la primera lazada y coceó amenazante, sus relinchos estremecían a la mismísima montaña. Sintió amenazada su libertad; sus carreras guiando a la manada, el aire que manso peinaba sus crines, la tierra blanda bajo sus pezuñas… no perdería su libertad. Aunó todas sus fuerzas y se abalanzó raudo.
Galopó contra los humanos, galopó contra él, galopó contra todo…
Publicado por Atreyu15 @ 14:17  | Relatos del blog
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Comentarios
Publicado por cachivache
martes, 10 de julio de 2007 | 22:07
Acabo de ver, como si de la realidad se tratase, a un pobre caballo en una angustiosa huida de la persecución despiadada de los humanos. Flash

Muy logrado el micro. Me ha gustado mucho.
Una pega, me encantan los caballos y no me gusta que se les haga sufrir ni en la ficción. Vacilando
Publicado por Atreyu15
miércoles, 11 de julio de 2007 | 19:36
Gracias por tu comentario “cachivache” (me hace gracia tu nick). A mi también me gustan mucho los caballos, bueno, y lo mismo las yeguas Muchas risas Me alegra que te guste el micro.