Cae sobre mí un velo urdido con delicados hilos de luna llena y sol resuelto, y se asoma el ruiseñor a la hora de los bostezos. Abrigo de cuerpos desnudos, dócil respiro acunado por viejos ecos de canciones que planean, en redondos ademanes, como seres emplumados explorando nuevos lechos.
Y en el sueño, son tus dedos los acordes de un anónimo soneto, y tu pelo, viento colorido de antojo incierto ¡que no se detenga el sueño! que mi alma, taciturna, en la orilla de tus ojos quiere aquietar s [...]
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