Cae sobre mí un velo urdido con delicados hilos de luna llena y sol resuelto, y se asoma el ruiseñor a la hora de los bostezos. Abrigo de cuerpos desnudos, dócil respiro acunado por viejos ecos de canciones que planean, en redondos ademanes, como seres emplumados explorando nuevos lechos.
Y en el sueño, son tus dedos los acordes de un anónimo soneto, y tu pelo, viento colorido de antojo incierto ¡que no se detenga el sueño! que mi alma, taciturna, en la orilla de tus ojos quiere aquietar su sed, que mis labios, embaucados, reclaman nombrarte otra vez.
Anoche te he soñado, aún llevo tu aroma en mi piel.