Dedicado a Cristina y sus agujas.
Acupuntura es el término empleado en Occidente –del latín acus (aguja) y punctura (pinchazo)- para referirse al método terapéutico chino que busca restablecer y equilibrar el flujo energético del organismo mediante la estimulación con agujas de unos puntos en la piel. En China y Japón, donde es muy popular, esta terapia suele combinarse con la moxa, que viene del japonés mókusa o cono de Artemisa vulgaris empleado para estimular el punto con calor. Actualmente estos puntos se pueden estimular por otros medios, como electricidad, productos químicos, láser o imanes.
Para comprender la acupuntura es necesario antes acercarse al marco que la incluye, la rica medicina tradicional china, cuyos principios y leyes difieren radicalmente de los de la medicina occidental.
Según la sabiduría ancestral china, el cuerpo humano y todas sus funciones forman un macrocosmos dentro del macrocosmos. En ese pequeño mundo del hombre obran las mismas fuerzas existentes en el universo y en la naturaleza, de las que mente, cuerpo y espíritu humanos no son sino manifestaciones.
Si se sigue esta medicina no es necesario llegar a la enfermedad: la percepción sutil de los síntomas permite prevenir antes de curar, pues todo está íntimamente relacionado, de modo que los síntomas son manifestaciones de un desequilibrio que la medicina tradicional china ayuda a reequilibrar.
Historia.
Existen escritos de origen chino de más de dos mil años de antigüedad que dan fe de las propiedades curativas de la acupuntura. Y en efecto, durante milenios, han sanado de sus enfermedades clavándose agujas.
Esta practica fundamental de la medicina oriental nació en el fértil valle del río Amarillo, en las costos septentrionales del mar de China, y de allí se fue extendiendo hasta abarcar todo el continente asiático, pues en las épocas más remotas, los pueblos de los alrededores mandaban a China a sus estudiosos para aprender su medicina tradicional. Más allá de las fronteras del imperio chino, la acupuntura y moxa se desarrolló principalmente en Japón y Corea, países donde se practica con algunas variaciones, como el shiatsu y la manopuntura.
Hacia el siglo XVII la acupuntura llegó los confines de Eurasia y de África, para alcanzar por último Occidente a principios del XVIII, gracias a los misioneros jesuitas y otros viajeros de aquella época, Henry Heasd, ya a finales del siglo XIX, fue el primer científico occidental que encontró claras correspondencias entre órganos internos y áreas de la piel: las denominadas zonas de Head. A partir de 1930 comenzó a difundirse, desde Francia, por toda Europa, pero con dificultad debido a las reticencias que despertó.
En los años setenta China revolucionó a la opinión pública mundial al anunciar que la acupuntura se utilizaba para la anestesia quirúrgica. En diciembre de 1979, la Organización Mundial de la Salud (OMS) tomó la decisión de recomendar el tratamiento acupuntural en la curación de 43 enfermedades, entre ellas el resfriado, la amigdalitis aguda, la jaqueca, la neuralgia del trigémino, la ciática, los lumbagos, los tics, la gastritis aguda y crónica, el estreñimiento, la odontalgia, los dolores agudos y crónicos de origen reumático y las cefaleas. La acupuntura, excepto como analgésico o anestésico, no es aplicable en enfermedades quirúrgicas, neoplasias, infecciones específicas y endocrinopatías.
Principios y leyes de la acupuntura.
La acupuntura es, por tanto, un arte de curar mediante la sabia colocación de agujas metálicas en algunos puntos clave del cuerpo humano. Lo esencial consiste en que ese pinchazo no es, por supuesto, arbitrario, sino determinado por unas leyes vinculadas a las concepciones cosmogónicas chinas.
Bajo ella subyacen conceptos fundamentales del pensamiento oriental, como la idea de la globalidad –ningún fenómeno vital puede ser analizado fuera de su contexto orgánico y universal-, la filosofía taoísta del yin y el yang –todo lo natural se comprende en dos partes opuestas, pero necesariamente complementarias, que se transforman y se incluyen mutuamente-, la regla de los cinco elementos –la naturaleza está constituida por cinco sustancias: madera, fuego, tierra, metal y agua, que no deben de ser consideradas materia, sino fuerzas o tendencias que mantienen un equilibrio dinámico entre ellas-, la teoría de las vísceras –base de la organización vital del ser humano, cuyas repercusiones superan el cuadro de la fisiología, puesto que los órganos y las entrañas están en relación con los diferentes aspectos del psiquismo-, la noción de energía –fuerza unitaria que rige tanto el universo macrocosmos, como su reflejo, el hombre microcosmos, del que es una de sus sustancias básicas y del que determina toda enfermedad, pues esta se basa en las relaciones de la energía sana, o zheng qi, con la patógena, o xie qi, de modo que si el organismo está fuerte y equilibrado, las energías patógenas no pueden penetrar con éxito en él-, o la teoría de los meridianos, de la que se ofrece a continuación un mayor detalle por su relación más directa con la técnica de la acupuntura.
Meridianos y ramificaciones
Según la medicina tradicional china, existen zonas cutáneas privilegiadas, que los chinos llaman Tsing (pozos), relacionados con los principales elementos y funciones del organismo y por las cuales fluye la energía vital. Estas zonas están repartidas por el cuerpo humano siguiendo trazados lineales, llamados meridianos entre los occidentales y King entre los chinos, que son como hilos de seda, invisibles de tan tenues, sobre cuyo recorrido es posible aplicar agujas para recuperar el equilibrio armónico de la energía que caracteriza a las personas sanas.
Jing-Luo es el nombre de los meridianos y colaterales. Jing o jing mai (meridianos) tiene el sentido de caminos: son como líneas troncales; mientras que luo o luo mai (colaterales) tiene el sentido de red: son ramas de los jing y se distribuyen por todo el cuerpo; la red anexa de meridianos de ligamentos es designada como jing ji; y la de las zonas cutáneas, como pi bu.
Los meridianos tienen un papel de comunicación entre la superficie y la profundidad y entre los órganos y las entrañas, y al asegurar la regulación de los excesos y de las insuficiencias, permiten el mantenimiento del equilibrio energético de todo el organismo.
Clasificación de los meridianos.
Existen doce meridianos principales, ocho particulares y doce distintos.
Los ocho meridianos particulares controlan la actividad de los principales, de los que toman una parte de trayecto. Sólo dos de ellos tienen su propio trayecto: el du mai o vaso gobernador y el ren mai o vaso de la concepción. Los otros se llaman chong mai o vaso de los flujos, dai mai o vaso de la cintura, yin qiao mai o vaso yin que asciende desde el pie, yang qiao mai o vaso de yang que asciende desde el pie, yin wei mai o vaso de unión del yin, yang wei mai o vaso de unión del yang. Estos cuatro últimos son bilaterales.
Los doce meridianos distintos están emparejados entre si. Dejan los meridianos principales para seguir su camino, atraviesan las vísceras y se unen a su propio meridiano principal, si son yang, o a su pareja yang, si son yin. Las ramificaciones o colaterales comprenden quince colaterales distintos y muchos superficiales y capilares. Proceden del meridiano principal y circulan en su proximidad, generalmente más superficialmente.
Los meridianos de los ligamentos son doce y están situados en las zonas tendinomusculares, cuya función es asegurar la cohesión del sistema locomotor. Pueden ser una barrera en caso de penetración de determinadas energías patógenas.
Los meridianos de las zonas cutáneas son también doce y están situados sobre la superficie de su meridiano principal. Se pueden utilizar como complemento al diagnóstico, ya que por su coloración, las erupciones o su sensibilidad indican la naturaleza de la patología del meridiano que se trate.