Martes, 29 de mayo de 2007


La fama de Santo Domingo se incrementa notablemente a partir del siglo XV, a ra?z de un milagro que r?pidamente se difunde por toda Europa, en el que el Santo salva de la muerte a un joven peregrino injustamente condenado a la horca. La leyenda, en una de sus m?ltiples versiones, cuenta lo siguiente:
Peregrinaba hacia Santiago un matrimonio alem?n en compa??a de su hijo, Hugonell, joven y guapo. La moza del mes?n donde se hospedaron, a su paso por Santo Domingo, vengose del joven que resist?a sus insinuaciones, ocultando en su morral una copa de plata, acus?ndole luego, ante su patr?n, de haberla robado. Ella misma denuncia el hecho ante los alguaciles, que dan alcance al mozo y despu?s de comprobar la denuncia, lo entregan a las autoridades. El joven es condenado y ahorcado. Al cabo de un mes, cuando sus padres regresan de Santiago y se acercan al pat?bulo para rezar por su hijo, se encuentran con que ?ste est? vivo, suspendido de la cuerda, y les suplica que acudan al juez de la ciudad para que lo suelten y lo dejen en libertad. El juez se encuentra sentado a la mesa a punto de trinchar una gallina; al o?rles, suelta una estrepitosa carcajada y a?ade: ?Tan cierto es el cuento que me acab?is de narrar como que esta gallina est? viva! La gallina se incorpor? sobre sus patas y salt? fuera del plato. El juez orden? inmediatamente que se descolgara al joven y se castigara a la moza.

Frente al mausoleo del Santo, choca profundamente al visitante encontrarse en el interior de un templo con un art?stico gallinero, con un gallo y una gallina en su interior, que peri?dicamente se renuevan, con la intenci?n de perpetuar el milagro del que arranca el dicho popular: ?Santo Domingo de la Calzada, donde cant? la gallina despu?s de asada?

Imagen


De los distintos testimonios de los peregrinos, recogidos a partir del siglo XV, parece que ?stos, con la ayuda de sus bordones, ofrec?an comida a las aves cautivas en la catedral. Si ?stas aceptaban, era se?al de que la peregrinaci?n llegar?a a buen fin. Muchos, incluso, pujaban para conseguir una o dos plumas de aquellas aves milagrosas para lucir en sus sombreros.
Publicado por Atreyu15 @ 18:32  | Mitos y leyendas
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios