A veces, la noche, tiene un algo de magia. Es como un envoltorio de arrugado celofán que cruje entre los dedos del sueño ocultando con recelo aromas, sabores, colores de otro tiempo.
A veces, la noche, es la única luz que nos hace ver lo que llevamos dentro.
A veces, la noche, tiene un algo de neblina que por un cerro desciende; silente ánima de húmedo rostro y piel helada. Extiende ésta su mano, descarnada caricia, garra leprosa que pellizca el descanso.
A veces, la noche, musita la letanía de un llanto que se derrama y esculpe, sobre una piedra fría, un ininteligible canto que deja a su paso besos de ceniza en los labios.
A través de la ventana veo la luz trepar por las fachadas de ensombrecidas casas; una enredadera dorada que lentamente todo lo enmaraña. La noche se aleja, apenas diviso su espalda…