Dócil está la mar;
reposa vestida de plata,
plata de luz añorada.
Se asoma la noche a su espejo
orlado de espuma y nácar,
anhela sus ojos ver,
luceros labrados en ámbar.
Se hace ese instante eterno;
ladra a las sombras un perro,
gemidos que son el eco
de los jirones de un alma.
La noche al mar ha robado
su suave manto bordado,
de plata eran los adornos,
de fina plata labrada.
Ladra a las sombras un perro;
gemidos que son el eco
de los jirones de un alma…