“Somnus est imago mortis”
Los monos en el andamio juegan a ser hombres con el suelo a doce metros bajo ellos, aferrándose en un lateral con los pies calzados, riendose con las ráfagas frias del viento nordeste, sujetando una llave de carraca en la mano derecha y un cigarrillo entre los labios, acariciando en sueños despiertos la suave piel de las mujeres que pasean indiferentes a sus acrobacias, sucios e imprundentes blasfemos con aliento a cerveza, confiadamente despreocupados por la rutina de la altura, olvidando el miedo latente para no acojonarse demasiado y simular ser hombres de verdad, rudos en actos y palabras, tiernos en sentimientos que guardan con celo para no parecer débiles, soñando que un día no existirán relojes que los despierten, un día en el que dejaran de ser monos en lo alto del andamio.