Martes, 24 de abril de 2007
Llanto por Ignacio S?nchez Mej?as

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un ni?o trajo la blanca s?bana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo dem?s era muerte y s?lo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llev? los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el ?xido sembr? cristal y n?quel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones de bord?n
a las cinco de la tarde.
Las campanas de ars?nico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
?Y el toro solo coraz?n arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde
cuando la plaza se cubri? de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en Punto de la tarde.

Un ata?d con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su o?do
a las cinco de la tarde.
El toro ya mug?a por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agon?a
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gent?o romp?a las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
?Ay, qu? terribles cinco de la tarde!
?Eran las cinco en todos los relojes!
?Eran las cinco en sombra de la tarde!
Publicado por Atreyu15 @ 13:30  | Literatura
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