sábado, 17 de febrero de 2007
“En algún lugar del nosotros ya sabíamos que andaba al caer”


Fue el viento el primero en llegar, impredecible como la cólera de Aquiles, anunciando nubes cargadas de un agua que te purifica (el agua siempre te limpia los pecados) mientras te entumece las manos. De pie en el tejado, con Eolo ensañándose con nosotros, anticipamos un cálido verano de sueños en el hormiguero.
Llovía como si el cielo no tuviese otra cosa que hacer, como si lo único importante fuera anegarnos con un nuevo diluvio, salvador de parejas aleatorias.
Entre el muro de piedra y la montaña nació un reguero de agua, que arrastró la tierra negra dejando el paredón sin apoyo.
Velaba la noche cuando un estruendo rompió el sueño de los hombres, al tiempo que Jericó se quedaba sin defensas.
Publicado por seudolus @ 16:09  | La Marmita de Seudolus
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