Martes, 23 de enero de 2007
En medio de un bosque viv?a un ermita?o, sin temer a las fieras que all? moraban. Es m?s, por concesi?n divina o por tratarlas continuamente, el santo var?n entend?a el lenguaje de las fieras y hasta pod?a conversar con ellas.
En una ocasi?n en que el ermita?o descansaba debajo de un ?rbol, se cobijaron all?, para pasar la noche, un cuervo, un palomo, un ciervo y una serpiente. A falta de otra cosa para hacer y con el fin de pasar el rato, empezaron a discutir sobre el origen del mal.
-El mal procede del hambre -declar? el cuervo, que fue el primero en abordar el tema-. Cuando uno come hasta hartarse, se posa en una rama, grazna todo lo que le viene en gana y las cosas se le antojan de color de rosa. Pero, amigos, si durante d?as no se prueba bocado, cambia la situaci?n y ya no parece tan divertida ni tan hermosa la naturaleza. ?Qu? desasosiego! ?Qu? intranquilidad siente uno! Es imposible tener un momento de descanso. Y si vislumbro un buen pedazo de carne, me abalanzo sobre ?l, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos ser?an capaces de hacerme soltar la presa. ?Cu?ntos perecemos como v?ctimas del hambre! No cabe duda de que el hambre es el origen del mal.
El palomo se crey? obligado a intervenir, apenas el cuervo hubo cerrado el pico.
-Opino que el mal no proviene del hambre, sino del amor. Si vivi?ramos solos, sin hembras, sobrellevar?amos las penas. M?s ?ay!, vivimos en pareja y amamos tanto a nuestra compa?era que no hallamos un minuto de sosiego, siempre pensando en ella "?Habr? comido?", nos preguntamos. "?Tendr? bastante abrigo?" Y cuando se aleja un poco de nuestro lado, nos sentimos como perdidos y nos tortura la idea de que un gavil?n la haya despedazado o de que el hombre la haya hecho prisionera. Empezamos a buscarla por doquier, con loco af?n; y, a veces, corremos hacia la muerte, pereciendo entre las garras de las aves de rapi?a o en las mallas de una red. Y si la compa?era desaparece, uno no come ni bebe; no hace m?s que buscarla y llorar. ?Cu?ntos mueren as? entre nosotros! Ya ven que todo el mal proviene del amor, y no del hambre.
-No; el mal no viene ni del hambre ni del amor -arguy? la serpiente-. El mal viene de la ira. Si vivi?semos tranquilos, si no busc?semos pendencia, entonces todo ir?a bien. Pero, cuando algo se arregla de modo distinto a como quisi?ramos, nos arrebatamos y todo nos ofusca. S?lo pensamos en una cosa: descargar nuestra ira en el primero que encontramos. Entonces, como locos, lanzamos silbidos y nos retorcemos, tratando de morder a alguien. En tales momentos, no se tiene piedad de nadie; morder?a uno a su propio padre o a su propia madre; podr?amos comernos a nosotros mismos; y el furor acaba por perdernos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.
El ciervo no fue de este parecer.
-No; no es de la ira ni del amor ni del hambre de donde procede el mal, sino del miedo. Si fuera posible no sentir miedo, todo marchar?a bien. Nuestras patas son ligeras para la carrera y nuestro cuerpo vigoroso. Podemos defendernos de un animal peque?o, con nuestros cuernos, y la huida nos preserva de los grandes. Pero es imposible no sentir miedo. Apenas cruje una rama en el bosque o se mueve una hoja, temblamos de terror. El coraz?n palpita, como si fuera a salirse del pecho, y echamos a correr. Otras veces, una liebre que pasa, un p?jaro que agita las alas o una ramita que cae, nos hace creer que nos persigue una fiera; y salimos disparados, tal vez hacia el lugar del peligro. A veces, para esquivar a un perro, vamos a dar con el cazador; otras, enloquecidos de p?nico, corremos sin rumbo y caemos por un precipicio, donde nos espera la muerte. Dormimos preparados para echar a correr; siempre estamos alerta, siempre llenos de terror. No hay modo de disfrutar de un poco de tranquilidad. De ah? deduzco que el origen del mal est? en el miedo.
Finalmente intervino el ermita?o y dijo lo siguiente:
-No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo.
Publicado por Atreyu15 @ 18:33  | F?bulas
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Comentarios
Publicado por Loca_por_la_musica
Mi?rcoles, 24 de enero de 2007 | 21:00
Muy acertado, el ermita?o. Siempre me han gustado bastante las obras de Lev Tolstoi. Mi favorita, tipica, Anna Karenina.
Publicado por Atreyu15
Mi?rcoles, 24 de enero de 2007 | 23:47
La verdad, esta f?bula es lo primero que leo de Tolstoi, siempre tuve la sensaci?n de que sus libros me iban a resultar algo ?largos?, eso s?, hablo por intuici?n no por conocimiento. Supongo que estoy medio obligado a leer algo de ?l.
Me gustan las f?bulas en general, supongo que es por ese toque final que nos dejan ;-)
Publicado por Loca_por_la_musica
Jueves, 25 de enero de 2007 | 13:59
Yo tambien disfruto mucho con las fabulas, te dejan un saborcillo a... abuelo. no s? como explicarlo.
Publicado por maxpapsp
Viernes, 20 de abril de 2007 | 4:00
estoy sorprendido, es la primera vez que leo una fabula de leon tolstoi, me parece magnifica, recomiendo a los internautas leerla, por que esta fabula podemos aplicarla a nuestras vidas y poder mejorar.
Publicado por Josefa.Prades.miarroba.co
Mi?rcoles, 16 de abril de 2008 | 12:43
Hola leyendo el comenterio de Le?n Tolstoi ,la cual cosa fue por pura casualidad me ha impresionado mucho
este relato ?s verdaderamente interesante y ademas nos introduce en un mundo de misterio no conocido Al parecer el Ermita?o sabia mucho y podia entender a los animales.
Publicado por chanfalla
S?bado, 25 de agosto de 2012 | 2:11

he conocido personas que encarnan las personalidades de estos animales,incluyendome.aveses son etapas de nuestra vida.:tu)