Lunes, 01 de enero de 2007



A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ?ngeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

M?s hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Ori?n;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salom?n.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pont?fice hacia Oriente; ?va a encontrar el ?ureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el fr?o Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los ri?ones el vell?n azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada a?o para ?l trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la b?veda del cielo
con sus alas membranosas el murci?lago Sat?n.

San Silvestre, bajo el palio de un zod?aco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de la?des
inmortales.

Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco
y el Arquero.




Publicado por Nereida4 @ 19:03  | Literatura
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