S?bado, 16 de diciembre de 2006
El Buche, el cerillero, llegaba antes que nadie a la estaci?n de al-Zagazig cuando iba a pasar el tren. Recorr?a los andenes incomparablemente ligero, ojeando a los clientes con sus ojos peque?os y expertos. Si alguien hubiese preguntado al Buche por su trabajo, el Buche habr?a echado pestes de ?l. Porque el Buche, como la mayor?a de la gente, estaba harto de su vida, descontento con su suerte. Si hubiese sido due?o de elegir, hubiera preferido ser chofer de alg?n rico y vestir ropa de effendi y comer lo mismo que el bey y acompa?arle a sitios selectos en todo tiempo, una manera de ganarse la vida que parec?a diversi?n, placer. Ten?a adem?s otros motivos particulares y razones sutiles para desear un trabajo como aquel; lo deseaba desde un d?a en que vio c?mo el Fino, el chofer de uno de los Importantes, paraba a la Nabawiyya, la criada del comisario, y la requebraba, descarado y seguro. Incluso, una vez, oy? que le dec?a, frot?ndose las manos satisfecho, "Pronto vendr? con el anillo..." Y vio que la joven sonre?a con arrumaco mientras levantaba el borde de la milaya como si lo estuviese arreglando (lo que quer?a es que se viera su pelo negr?simo y abrillantinado). Vio aquello y el coraz?n se le inflam? y los celos lo mordieron dolorosamente; los ojos de ella eran sus dolores y sus enfermedades. La sigui? a poca distancia y en una calleja le sali? al paso aqu? y all? e hizo volver a sus o?dos lo que le hab?a dicho el Fino: "Pronto vendr? con el anillo". Pero ella torci? la cabeza, frunci? la frente y dijo desde?osa: "Mejor c?mprate unos zuecos". Y ?l se mir? los pies como si fueran una sima de significados misteriosos, su galabeyya sucia, su taqiyya mugrienta y se dijo: "?ste es el motivo de mi miseria y el ocaso de mi estrella", y envidi? al Fino, su trabajo y su suerte... S?lo que estas esperanzas, en lugar de apartarle de su oficio le hac?an enfrascarse en ?l con mayor af?n y satisfacer sus esperanzas con sue?os.
Aquella tarde subi? a la estaci?n con su caja a atender al tren del crep?sculo que todav?a no era m?s que una nube de humo en el horizonte, pero que avanzaba, se acercaba. Ya se distingu?an las distintas unidades y se percib?a el estr?pito; ya est? parado junto a los andenes... Al lanzarse a los vagones vio el Buche con sorpresa que en las puertas hab?a centinelas y que por las ventanillas asomaban caras extra?as con ojos ausentes, rotos. Pregunt? y le enteraron de que eran prisioneros italianos que hab?an ca?do a montones en manos del enemigo y que les conduc?an a campos de concentraci?n.
El Buche se qued? perplejo pasando los ojos por los rostros polvorientos, y luego le tom? la desilusi?n; cuando estuvo cierto de que aquellas caras p?lidas, hundidas en la miseria y la necesidad dif?cilmente podr?an saciar su ansia de cigarrillos... Se dio cuenta de que devoraban su caja y les repeli? con una mirada irritada y desde?osa. Pensaba darles la espalda y volver por donde hab?a venido cuando oy? que una voz le gritaba en ?rabe con acento europeo: "cigarrillos". Le ech? una mirada sorprendida y desconfiada, luego frot? el dedo ?ndice con el pulgar: "?hay dinero?". El soldado comprendi? y contest? afirmativamente con la cabeza. El Buche se acerc? cauteloso y se detuvo fuera del alcance de las manos del soldado, El soldado se quit? calmosamente la guerrera y le dijo mostr?ndosela: "Este es mi dinero". El Buche qued? deslumbrado y escudri?? la guerrera gris con botones dorados entre sorprendido y ?vido. Le hab?a ganado el coraz?n, pero como no era un c?ndido ni un palurdo disimul? lo que se hab?a levantado en ?l para sacar ventaja de la avidez del italiano. Con estudiada parsimonia exhibi? una cajetilla y extendi? el brazo para recoger la chaqueta. El soldado frunci? la frente y le grit?: "?Una cajetilla por la guerrera?... ?Diez!" El Buche dio un respingo y se ech? para atr?s; su deseo cedi?. Iba a irse por otro lado, pero el soldado le grit?: "Una cosa razonable... nueve... ocho..." El Buche sacudi? la cabeza negando tercamente. "Entonces, siete." Pero ?l sacudi? la cabeza como antes y fingi? que se iba. El soldado se dio por satisfecho con seis y luego baj? a cinco. El Buche hizo un gesto con la mano: nada que hacer. Se volvi? hacia un banco y se sent?. El soldado le grit? enloquecido: "Ven... me conformo con cuatro..." Ni se dio por aludido, y para demostrar su falta de inter?s encendi? un cigarrillo y se puso a fumar palade?ndolo pausadamente. La desaz?n del soldado aument?, se puso rabioso, parec?a que el ?nico fin de su existencia era conseguir cigarrillos. Baj? su demanda a tres, luego a dos. El Buche sigui? sentado, dominando sus violentas ganas y su dolorosa impaciencia. Pero cuando el soldado hubo bajado a dos no pudo evitar un movimiento delator. El soldado, nada m?s verlo, extendi? la mano con la guerrera: "Toma", y el Buche no tuvo m?s remedio que levantarse, acercarse al tren, recoger la guerrera y dar al soldado las dos cajetillas. Escudri?? la guerrera con ojos alegres y satisfechos y rompi? sus labios una sonrisa triunfante. Dej? la caja en el banco y se puso la guerrera y la aboton?. Le quedaba ancha, pero no le import?.
Estaba maravillado, feliz. Recogi? la caja y empez? a cortar el and?n orgulloso, transportado. Evoc? la imagen de Nabawiyya envuelta en su milaya y murmur?: "Si me viese ahora". S?, a partir de ahora no me evitar? ni me apartar? la cara con desd?n, y el Fino no tendr? motivo de qu? presumir delante de m?. Aqu? record? que el Fino llevaba uniforme completo, no una simple guerrera. ?C?mo conseguir los pantalones? Cavil? un tiempo, luego ech? una mirada de inteligencia a las cabezas de los prisioneros que asomaban por las ventanillas del tren. El deseo le jugaba en el coraz?n y le inquietaba el alma cuando casi la ten?a satisfecha. Se lanz? al tren pregonando decidido: "Cigarrillos, cigarrillos. Un pantal?n la cajetilla si no hay dinero. Un pantal?n la cajetilla". Repiti? el preg?n por segunda y tercera vez. Temiendo que no comprendiesen lo que pretend?a, se?al? la guerrera que llevaba puesta y mostr? una cajetilla. Su gesto produjo el efecto apetecido: un soldado no vacil? en quitarse la guerrera. El Buche corri? hacia ?l y le hizo gestos de que fuese despacio y le indic? los pantalones. El soldado se encogi? de hombros desde?oso, se quit? los pantalones y el cambio se complet?. La mano del Buche se engarfi? en los pantalones; casi volaba de gozo. Volvi? al banco de antes y se puso los pantalones en un santiam?n: estaba hecho todo un soldado italiano... ?o le faltaba algo?... Era una aut?ntica pena que estos soldados no llevaran tarb?s... ?Pero llevan botas! Las botas le son indispensables para estar a la altura del Fino, que le amarga la vida. Carg? con la caja y se abalanz? al tren gritando: "Cigarrillos... un par de botas la cajetilla". Como la otra vez, se ayudaba de gestos... Pero antes de que diera con un cliente el tren hizo o?r su pito; iba a arrancar. Se produjo una ola de agitaci?n entre los centinelas. El manto de la sombra hab?a cubierto los rincones de la estaci?n; el p?jaro de la noche planeaba en el espacio. El Buche se detuvo desconsolado, en los ojos una mirada de aflicci?n y rabia. Cuando el tren se puso en marcha le vio el centinela del vag?n delantero y la exasperaci?n apareci? en su cara. Le grit?, primero en ingl?s, luego en italiano: "Sube ligero. T?, preso, al tren". El Buche no entendi? lo que dec?a y quiso consolarse remed?ndole, seguro de que no pod?a hacerle nada. El centinela grit? otra vez mientras el tren se alejaba lentamente: "Sube, te lo advierto, sube". El Buche apret? los labios desde?oso y le volvi? la espalda dispuesto a marcharse. El centinela crisp? el pu?o que esgrimi? amenazante, apunt? su fusil contra el inocente Buche y dispar?. A la detonaci?n, que atron? los o?dos, sucedi? un grito de dolor y de espanto. El cuerpo del Buche perdi? el movimiento, la caja se le cay? de las manos y se desparramaron las cajetillas de cigarros y cerillas. Luego, la cara del Buche se mud? en la de un cuerpo ex?nime.
Publicado por Atreyu15 @ 14:19  | Literatura
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Nereida4
Jueves, 28 de diciembre de 2006 | 17:37
?La avaricia rompe el saco! :f)

Bonito relato, escrito de forma magistral por el gran Naguib.