Miró el lobo a la luna,
y díjole ensimismado:
¡hay compañera del alma!
como cambian los tiempos,
tantas noches te he aullado
tantas las piezas cobradas,
hasta mi pelaje, asoma ahora desgastado,
y los colmillos, es cierto,
ya no brillan como antaño.
Dicen que soy lechoncito
de esos de comer al plato,
que si frito que si asado,
incluso, hasta estofado.
Hoy me acerqué al arroyo
para ver mi cara en él reflejada,
me encontré la mirada de un lobo
que sonreía entre dientes
y aullaba a la Plateada