sábado, 14 de octubre de 2006
Para Atreyu a quien seguramente le gustará. Esta no es la que te prometí, pero como quiera que no la encuentro, mientras tanto puede valer.
Es atribuida a José de Espronceda.

LA DESESPERACIÓN


Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar;
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas
la tierra iluminar.
Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar;
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.
Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.
Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer;
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.
La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
oír como vocea,
¡que gusto!, ¡que placer!
Me gusta una campiña
de nieve tamizada,
de flores despojada,
sin fruto y sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y solo se vislumbre
la muerte en derredor.
Allá en sombrío monte;
solar desmantelado
me place en sumo grado,
la luna al reflejar;
moverse las veletas
con aspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.
Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ellos caso hacer.
Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y llena de pavor
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡que gusto!, ¡que placer!
Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.
Romper después las copas,
los planos, las barajas,
y abiertas las navajas
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.
Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.
Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello…
¡que gozo!, ¡que ilsión!
Comentarios
Publicado por Atreyu15
domingo, 15 de octubre de 2006 | 17:05
Gracias por la dedicatoria. Jajajaja jajajaja. Bueno, en fin, reconozco sentirme atraído por el tema de la muerte pero no me siento legionario para tararear su conocida canción: “soy el novio de muerte…”
Me llamó la atención la poesía, aunque para mi gusto resulta demasiado rompedora, vamos un pelín contundente jajajaja; toda una orgía de destrucción y sexo.

PD La muerte no es destrucción, desolación, caos, ni nada parecido, es simplemente el último instante.RollEyes
Publicado por Nereida4
domingo, 15 de octubre de 2006 | 18:44
¡Ufff! Esta poesía se las trae ¡qué fuerte y tétrica por dio! loco

Atreyu es recurrente en el tema de la muerte pero me parece no se regocija con ella.Angelito
Quizás la muerte por sí misma no es esas cosas que dices, Atreyu, pero sí son muchas veces su resultado o su causa… RollEyes


Por cierto, me alegra tu reaparición querido Manchurry. Guiño
Publicado por Loca_por_la_musica
domingo, 15 de octubre de 2006 | 22:26
Es muy dura no? No conozco demasiado a Atreyu, pero no me parece a mi tampoco que le vaya demasiado esta poesia. Estoy de acuerdo con Nereida.