Cuando era un niño, aún no había hecho la primera comunión, (vivía Franco jajajaja) en casa de mis viejos, en alguna ocasión, se alquilaban habitaciones; si la memoria no me falla hubo un cliente, Gregorio, que cada noche ponía acertijos y este fue uno de ellos.
Recuerdo un truco en especial que consistía en hacer desaparecer una de las dos monedas que ponía dentro de un baso de cristal. Resulta que una de ellas, la más grande, la tenía trucada de tal forma que al moverlas una tapaba a la otra, en fin. Recuerdos de una infancia.