Ha sido esta alborada, aunque pudo ser ayer o quizás sea mañana; he visto tu mirada reflejada en un espejo, cosida a mis pupilas como un bordado de plata. Bailaban tus vertiginosos ojos una alocada danza. Retenido por los pasos ancestrales me zambullí en tu piel desnuda, océano de agua calma, y la estela de tu sonrisa se deslizó por mi espalda.
Náufrago entre notas musicales, confinado tras olas de pesadumbre, lanzo al mar mi mensaje en el interior de una botella que ha sido soplada con magia. Todo, nada, poco, mucho; encerrado en un oscuro cristal: un gemido que reposa escondido entre los pliegues de una sábana blanca, cuatro letras que soy incapaz de ordenar, la luz de una tarde de abril iluminando tu cara, el primer latido que voceó mi corazón y que aún recorre mi alma, el mimo de un guante blanco que viajó desde Oriente hasta posarse en mi cara.
Llegará la botella a una playa, en ella me has de encontrar.