Mi?rcoles, 06 de septiembre de 2006
La Palaz?n se ba?aba alegre y desnuda en el viento. El sol era mare?o en la ma?ana azul. La basura iba y ven?a, arrastrada por la mecida del aire. Hojas que rodaban como caracoles, polvo como espuma sucia en aquella marea.
Los charcos, en medio del camino barrioso y barrido, se secaban dejando prieta la tierra, y blandita como para meter el pie. Un ruidal de ramadas llenaba la costa entera, desde aqu? quera verdeante, hasta all? lejoslejos quera azul.
Tambi?n las yeguas sintieron dentrar el viento en su alegr?n y se echaron a correr por el llano. A la par de las yeguas del viento, iban las yeguas de sangre, atropell?ndose unas con otras, soplando las narices valientes, la crin al cielo y el casco al suelo; ?patac?n, patac?n, patac?n!... Dejaban jumaz?n en la fueya, como si quemaran su libert?. Paraban su desboco, cuando ya no sent?an el suelo, por miedo al vuelo desconocido. El hero?smo es un exceso de vida que puede a veces producir la muerte.
A ratos, el norte pon?a mujeres de polvo, bailando vertiginosas por las veredas; bailando en puntas y cogiendo al paso mantos de nube, para enrollarse gir?mbulas.
Ven?a el chuchito perdido, arrastrando una larga pita por el camino: era negro, lagartijo, encogido y despavorido. Echaba las orejas hacia atr?s; la cola entre las patas; un vivo amarillo de espanto le rodeaba los ojos polvosos. En aquella anch?sima soledad, ensordecida por el viento era como un dolor extraviado. La fuerza del oleaje le hac?a tambalearse. Se paraba y pon?a vanos empe?os por amarrar el cabo del olfato. Volv?a t?mido la cabeza, para mirar cu?n solo estaba. Entonces su grito lastimero hac?a un rasgu?o en el viento. Volv?a atr?s con igual premura; miraba al andar hacia el cielo, como si nadara. La pita lo segu?a d?cil, marcando un surco en el polvo por un instante. Era como un amor n?ufrago. Buscaba al amo, perdido en el ventarr?n. A lo lejos, como un punto negro en la explanada, iba nadando hacia lo incierto. Aquella cosa tan m?sera, bajo el furor del cielo, era un dolor grandioso.
Entre madejas de polvo y c?scaras doradas, apoyado al tanteyo en el palo y al tanteyo la mano en el cielo, el viejo top? a una alambrada y llam? ya sin esperanza:
-?Mirto, Mirto!...
Publicado por Atreyu15 @ 13:37  | Micro-relatos
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Comentarios
Publicado por Invitado
S?bado, 21 de julio de 2007 | 23:02
:-/
Publicado por Invitado
S?bado, 25 de junio de 2011 | 4:02

seria súper bueno si pusieran 5 o mas imagenes del cuento el viento de salarrue:

:ja):-)