domingo, 27 de agosto de 2006
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intromisiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, adsorbido por la sórdida coyuntura de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arrollo de serpientes, y se sentía que todo está decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Publicado por Atreyu15 @ 19:09  | Micro-relatos
Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Pablo
sábado, 18 de noviembre de 2006 | 5:20
leer a Cortázar es entrar en universos de juguete paralelos en fantasía, es entrar en realidades mentiosas, caústicas, apologéticas, leer a Cortázar es un pedazo de madera, es un minuto de vida. Cortázar es un gigante!
Publicado por Invitado
miércoles, 13 de febrero de 2008 | 2:32
hola..este cuento es increòble. es circular, llegamos en el final, al comienzo. tiene dos nieveles de ficcion:
el lector que lee una novela, sentado en un sillòn frente al gran ventanal que da al parque de robles y els egund nivel es la hisotria de los amantes. estos trazan un plan: sacar del medio a alguien que se interpone en su amor. Se despiden, ella lo abraza y el conduce sus pasos hacia la consecucion de su plan. cuando llega al lugar donde se encentra la vìcitma....es el lector del primer nivel que està leyendo en su sillon de terciopelo verde.Vasos comunicante, caja de pandora, cajitas chinas.....genial, mucho dicho en pocas lìneas: es cortàzar.
Publicado por Invitado
miércoles, 13 de febrero de 2008 | 2:35
hola..este cuento es increòble. es circular, llegamos en el final, al comienzo. tiene dos nieveles de ficcion:
el lector que lee una novela, sentado en un sillòn frente al gran ventanal que da al parque de robles y els egund nivel es la hisotria de los amantes. estos trazan un plan: sacar del medio a alguien que se interpone en su amor. Se despiden, ella lo abraza y el conduce sus pasos hacia la consecucion de su plan. cuando llega al lugar donde se encentra la vìcitma....es el lector del primer nivel que està leyendo en su sillon de terciopelo verde.Vasos comunicante, caja de pandora, cajitas chinas.....genial, mucho dicho en pocas lìneas: es cortàzar.
Publicado por Invitado
miércoles, 13 de febrero de 2008 | 2:36
hola..este cuento es increòble. es circular, llegamos en el final, al comienzo. tiene dos nieveles de ficcion:
el lector que lee una novela, sentado en un sillòn frente al gran ventanal que da al parque de robles y els egund nivel es la hisotria de los amantes. estos trazan un plan: sacar del medio a alguien que se interpone en su amor. Se despiden, ella lo abraza y el conduce sus pasos hacia la consecucion de su plan. cuando llega al lugar donde se encentra la vìcitma....es el lector del primer nivel que està leyendo en su sillon de terciopelo verde.Vasos comunicante, caja de pandora, cajitas chinas.....genial, mucho dicho en pocas lìneas: es cortàzar.