Domingo, 13 de agosto de 2006
Lo que hace Genaro es horrible. Se sirve de armas imprevista. Nuestra situación se vuelve asquerosa.
Ayer, en la mesa, nos contó una historia de carnudo. Era en realidad graciosa, pero como si Amelia y yo pudiéramos reírnos, Genero la estropeo con sus grandes carcajadas falsas. Decía: “¿Es que hay algo más chistoso?”. Y se pasaba la mano por la frente, encogiendo los dedos, como buscándose algo. Volvía a reír: “¿Cómo se sentirá llevar cuernos?”. No tomaba en cuenta para nada nuestra confusión.
Amelia estaba desesperada: Yo tenía ganas de insultar a Genaro, de decirle toda la verdad a gritos, de salirme corriendo y no volver nunca. Pero como siempre, algo me detenía. Amelia tal vez, aniquilada en la situación intolerable.
Hace ya algún tiempo que la actitud de Genaro nos sorprendía. Se iba volviendo cada vez más tonto. Aceptaba explicaciones increíbles, daba lugar y tiempo para nuestras más descabelladas entrevistas. Hizo diez veces la comedia del viaje, pero siempre volvió el día previsto. Nos absteníamos inútilmente en su ausencia. De regreso, traía pequeños regalos y nos estrechaba de modo inmoral, besándonos casi en el cuello, teniéndonos excesivamente contra su pecho. Amelia llegó a desfallecer de repugnancia entre semejantes abrazos.
Al principio hacíamos las cosas con temor, creyendo correr un gran riesgo. La impresión de que Genaro iba a descubrirnos en cualquier momento, teñía nuestro amor de miedo y de vergüenza. La cosa era clara y limpia en este sentido. El drama flotaba realmente sobre nosotros, dando dignidad a la culpa. Genaro lo ha echado a perder. Ahora estamos envueltos en algo turbio, denso y pesado. Nos amamos con desgana, hastiados, como esposos. Hemos adquirido poco a poco la costumbre insípida de tolerar a Genaro. Su presencia es insoportable porque no nos estorba; más bien facilita la rutina y provoca el cansancio.
A veces, el mensajero que nos trae las provisiones dice que la supresión de este faro es un hecho. Nos alegramos Amelia y yo, en secreto. Genaro se aflige visiblemente: ”¿A dónde iremos?” -nos dice- ¡Somos aquí tan felices!”. Suspira. Luego, buscando mis ojos: “Tú vendrás con nosotros, a dondequiera que vayamos”. Y se queda mirando el mar con melancolía.
Publicado por Atreyu15 @ 17:49  | Micro-relatos
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Comentarios
Publicado por Invitado
Domingo, 26 de noviembre de 2006 | 20:50
como siempre, Arreola va a lo más profundo de nuestra superficialidad... Sus personajes asustan porque se parecen tanto a nosotros, cuando duramos en lugar de vivir.
Publicado por Invitado
Jueves, 23 de septiembre de 2010 | 17:05

hola quisiera saber en donde fue escrito el cunto del  faro de juanjose arreola

 

Publicado por Invitado
Miércoles, 20 de octubre de 2010 | 2:12

bueno yo creo que juan jose es un gran escrito que sus obras transederan durante generaciones tras generaciones