A las once de la noche
se les rompe el calderín,
(aquel del agua caliente),
y se pone el muy cabrón
a soltar agua sin fin.
Llega la gente alarmada
a sacarme del sofá,
diciendo que tienen fuga
que non se puede parar.
Para allá se va el fonta,
calzado con zapatillas,
tan veloz como una posta
voy y cierro el agua fría,
y abro el grifo de caliente.
También les doy vez muy pronto,
a fin de agosto o en setiembre.