Llamado en otros tiempos “el Paris de Oriente medio”, país de mayoría cristiana (en otros tiempos), y aquí aclaro que eran cristianos no fundamentalistas, es decir, diferentes a los que tuvimos en la edad media en esta piel de toro que un día fue España. Los del Líbano no quemaban herejes, ni maricones, ni moros, ni judíos, ni adúlteras, se limitaban a construir el futuro de una democracia oriental. Hasta que llegaron unos radicales que adoran al mismo Dios pero con distinto profeta, y esos si se dedicaban a matar herejes, maricones, judíos, adulteras y todo aquello que su personal interpretación del Corán les pidiese matar, se dedicaban y siguen haciéndolo.
Puede ser muy discutible el llamar terrorista a un kamikaze palestino que solo tiene su cuerpo cargado de dinamita para defender su país. Cuando los que organizan estas acciones son países como Siria e Irán, que solo pretenden anexionarse unos territorios que no son suyos el adjetivo es el adecuado.
La actitud de Israel con Palestina es muy discutible, pero seamos justos y no los demonicemos al tiempo que santificamos a otros pueblos, que en nombre de Alá, se dedican a pasarse por el forro de los cojones aquello que se llama “Declaración de Derechos Humanos”.
Lapidan adulteras, ahorcan maricones, quieren Al-Andalus para ellos, del burka y otras menudencias ni hablamos.
Cuando se armó el follón de las centrales nucleares en Irán, un general de la OTAN (cuyo nombre no recuerdo) dijo: “Esto se arregla con dos misiles”. Que razón tenía, pero no le dejaron.
Ya me contareis hasta donde os llega el lodo de este polvo. Yo sigo practicando con el 30-30, que no me fío nada.