Ya no vivo, ya no leo,
ya no escribo, ya no meo,
ya no follo, ya no canto,
ya no bebo el agua ardiente,
ya no me queda ni llanto,
ya ni se me afila el diente.
Solo un calor asqueroso
que metió mi dicha en pozo.
Ya no me alivia el pai-pai
ni el gallo de Morón,
ni el top less de una vecina
que me ponía un montón,
y digo que me ponía
porque con esta calor
hasta San Pollón bendito
está pidiendo favor.