Mi?rcoles, 19 de julio de 2006




El jugador de póquer pasaba una mala racha. Una vez perdida su última ficha, se vio obligado a apostar sucesivamente su ropa, objetos personales y la llave de su flamante Mercedes. Pronto se quedó sin nada que apostar excepto a sí mismo, así que poco a poco fue arrojando porciones de su cuerpo sobre el tapete: piernas, estómago, hígado, corazón,... Y cuando por fin consiguió una buena mano (cuatro ases) y arrasó, no pudo recoger sus ganancias: hacía ya rato que había perdido brazos, manos y cabeza.


Tags: Micro-relatos, El lapidario

Publicado por Nereida4 @ 15:28  | Micro-relatos
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