Lunes, 03 de julio de 2006
-LEYENDA INDIA (de los indios de las pelis, no de los otros)-


Hace muchas lunas, en un lugar olvidado de las grandes praderas (mas o menos en el centro de donde ahora están los Estados Unidos, así un poco a mano derecha según subes) , pues ahí habitaba desde hacia milenios (unos catorce, aunque todavía no está históricamente datado) , decía que habitaba una tribu guerrera llamados Los Papalote ( esto si se sabe porque cuando llegó el hombre blanco todavía vivían allí, claro que luego se les jodió el asunto y tuvieron que largarse hacia otros sitios, unos a Texas, donde actualmente regentan un casino que les da pingues beneficios, otros a Nueva York a trabajar de obreros en la construcción de rascacielos, y otros a California a practicar el sur y ligar con vigilantas de playa de buen ver y flotadores incorporados) . Pero vamos a seguir con la historia que os veo yo que un poco despistados. Pues eso, que en aquellas lunas de las que hablamos la tribu Papalote era guiada por un hombre sabio (y digo guiada, que no gobernada, el matiz es muy importante, eso marca una gran diferencia entre la cultura de aquellos pueblos y los nuestros, y es un elemento básico para poder seguir el hilo de la leyenda sin perderse) . Se llamaba este Gran Jefe Balunkaonukasha (que quiere decir “El que guía pero no gobierna porque es más espabilado que los demás”. Ah esperar, que se me fue el santo al cielo y no os traduje el significado de Papalote, que es el siguiente “El pueblo que se deja guiar porque no quiere que los gobiernen ni falta que les hace”, ya está. Sobre los orígenes de los Papalote ya hablaremos otro día, y también del gobierno), había en la tribu (aparte de unos doscientos habitantes mas o menos) dos guerreros jóvenes y de probado valor, que se llamaban Tamanakakuati (que se le puso su madre cuando era pequeño y quiere decir “Niño deja ya de joder y vete con la abuela”) , y el otro Impeesababuka (que se le puso su padre de mayor y significa “A ver cuando hechas novia y te largas de casa”).En estas estábamos cuando…cuando…bueno vamos a ver si nos centramos un pelín, así que vamos a los hechos que según la leyenda acaecieron en la tribu de los Papalote hace la tira de lunas.
Un día de primavera (que la sangre altera y andaban todos y todas locos y locas, detrás de ellos y de ellas, buscando el revolcón y la revolcona. Y mira tu donde me acaba de salir un juego de palabras, je je), pues eso, que ese día se encontraba Balunkaonukasha fumando una pipa de yerba de la pradera, tranquilamente sentado a la puerta de su tipi (es que era algo mayor y a el eso de la primavera como que no le motivaba para andar corriendo, quiero decir a las carreras…que no andaba para eso. Aunque todavía se le ponía una sonrisa picara cuando veía a una india de buen ver, valga la redundancia), pues en esas estaba el Gran Jefe cuando se presentaron ante el Tamanakakuati e Impeesababuka, y aquí comienza la historia ocurrida ya hace mogollón de lunas (que no tiene nada que ver con los indios Mogollón, que vivían en el territorio que está un poco mas abajo hacia la izquierda).
Esto fue lo que se habló (aquí os convendría poner en la disquetera un CD de canciones indias, pero no de la india, de las otras, mas que nada por entrar un poco en ambiente.


-¡Jau gran Balunkaonukasha! Dijo Tamanakakuati.


-¡Jau gran Balunkaonukasha! Dijo también Impeesababuka (por aquello de no ser menos ni parecer maleducado).

-Jau Jau. Les respondió Balunkaonukasha. (Lo hizo sin los signos de admiración, pero es que el Gran Jefe era él, y además ya estaba algo fumao y tenia encima un punto de guasa).
Le dio otra caladita a la yerba mientras los jóvenes guerreros esperaban en silencio.
¿Qué querer vosotros dos? (igual pensabais que porque estaba fumao no sabia contar, ja)

Se adelantó Tamanakakuati, (que era un año mayor que Impeesababuka, y eso entre los Papalote es algo que se respeta mucho).

-Gran jefe Balunkaonukasha, mi primo Impeesababuka querer engañarme y cambiarme su caballo por el mío (aclaremos que Tamanakakuati e Impeesababuka no eran primos, ni carnales ni segundos ni na de na, pero bueno también los gitanos se llaman primos entre ellos, y los negros hermanos, y los japoneses soghito, que no se lo que quiere decir ni falta que me hace).

Al oír esto Impeesababuka se adelantó, serio y orgulloso, con cara de indio (ya sabéis de cuales)

-Ser mentira, el querer cambiar caballo suyo por caballo mío.

Balunkaonukasha le dio otra pitada al canuto, digo a la pipa, miro a los jóvenes guerreros y preguntó

-¿Y que querer vosotros que yo hacer? (Esta vez si que puso los signos ortográficos, se conoce que iba pillando el punto)

Ya sabéis que el mayor era Tamanakakuati, por eso le tocaba hablar el primero.

-Queremos que tu dictar sentencia.

-Eso, dijo Impeesababuka (al fin y al cabo su primo era solo un año mayor que el, y no quería parecer un papoose, pues ya había cortado alguna cabellera)

El Gran Jafe miro al los jóvenes (que eran dos).

-Vosotros traer caballos y yo hacer juicio, dijo Balunkaonukasha.

Partieron los guerreros a buscar a los animales mientras el Gran Jefe ( que ya sabéis de sobra como se llama) se quedaba esperándoles a la puerta de su tipi mientras le daba caladitas a la pipa (¡anda que no tienes vicio ni na colega, ya te vale a tus años). Llegaron los guerreros trayendo de las bridas dos hermosos caballos de origen árabe (ahí si que no voy a entrar en detalles). Abrió la boca Tamanakakuati, y apenas media décima de segundo después lo hizo Impeesababuka, ambos para tomar la palabra, pero el gran jefe Balunkaonukasha les tomó la delantera y alzo su mano derecha (tal cual lo hacen los picoletos hoy día, cuando vas tan tranquilo por la carretera y te señalan sin decir palabrita, stop que te la voy meter asta atrás, pues así). (Otro juego de palabras).
Posó el kalumet (que asina llaman ellos a la pipa) sobre la piel de tatanka en la que estaba sentado (la posó boca abajo, quemándola levemente, y por la noche tuvo que aguantar de su señora una bronca de esas que te cagas, vamos de esas en las que el hombre tiene la ultima palabra, “Si cariño, lo que tu digas, la próxima vez tendré mas cuidado de verdad, y este fin de semana el tipi lo recojo yo, ¡por mis muertos!”). Se levanto majestuoso y Gran Jefe, vestido de ante y flecos, con un tocado de plumas que ya quisiera la Norma Duval pa una sesión de cabaret. Tomó los caballos de las riendas y los estuvo observando largo rato (es que los indios son así para esas cosas, ¿Cómo que que indios? Ya os lo explique ¿no? Los de las praderas. Pues eso), cuando en su sabiduría halló la respuesta al veredicto, desenfundó el cuchillo y a uno de los jamelgos le hizo un corte en una oreja.

-Tamanakakuati (sentenció), caballo con corte en oreja ser para ti. Impeesababuka (volvió a sentenciar) caballo sin corte en oreja ser tuyo. ¡¡Jau!! (Esta vez puso doble signo ortográfico, os imagináis porqué).

Transcurrían plácidos los primaverales días, ellas detrás de ellos, ellos detrás de ellas, todos buscando la revolcona (esta vez ellas van primero por aquello de los mosqueos de las feministas, y tal y tal), hasta que un día zas, la tribu de los Pepemboke ( que estos si que eran primos hermanos de los Papalote, y cuyo nombre traducido al español significa “El burro que le vendió tu tatarabuelo al mío no valía pa na”) pues esa tribu decidió desenterrar el hacha de guerra otra vez (cinco días se pasaron buscándolo, pero es que el monte es muy grande y no todo es orégano), y con ese desenterramiento continua la historia ocurrida hace ya…la tira de lunas.
Ycuando ambas tribus (los Papalote y los Pepemboke) se encontraron en el campo de batalla ( Batalla era un guerrero Chochón que tenia arrendada una finca a los Papalota ya a los Pekembose para que en ella se dieran de palos cuando quisieran sin joder el resto de los pastizales de la Pradera Pecadora)
Durante el combate un guerrero Pepemboke (que estaba de “Iiiiijole”, que quiere decir “agua de fuego hasta el culo”) le tiró un viaje de fierro a Impeesababuka, con tan mala fortuna que erró el mortífero golpe y solo acertó a darle un tajo en la oreja de su caballo (si le hubiese dado una puñalada bien asentada a Impeesababuka no habría ni relato, ni leyenda, ni na de na).
Dos primos algo peleaos por dos caballos, ambos de vuelta al poblado con un corte en la oreja, los caballos (casi na).
Total, que para abreviar, al otro día se encontraba el gran jefe Balunkaonukasha ejerciendo como tal (a la puerta del tipi, kalumet de hierba, guiñándoles el ojo a las indias de buen ver etc. etc) cuando aparecen los dos de marras.

-¡Jau!

-¡Jau!

Hablaron los dos jóvenes guerreros, casi al unísono, sin ceremonias de Gran Jefe ni buenos días, ni alo mejor llueve hoy, así a palo seco. Hecho este que mosqueo algo al gran jefe Balunkaonukasha, que a fin de cuentas era el guía de los Papalote y se merecía un respeto. Apagó la pipa y la deposito con cuidado en la piel de tatanka sobre la que encontraba (bastante había tenido con la bronca del otro día como para volver a quemarla).

-¡¡¡JAU!!! (A estas alturas ya se estaba mosqueando), ¿Por qué vosotros interrumpir siempre meditación de yo?.. ¿Que pasar ahora?

Los dos jóvenes guerreros se explicaban a un tiempo y de manera atropellada, mientras Balunkaonukasha (Asha para los amigos) los miraba con el gesto ese que ponen los indios de las praderas cuando quieren expresar aquello de “¿dios mío, a quien maté yo?”.
Al final los dos jóvenes (guerreros) consiguieron aclarar la situación. En el combate con los Pepemboke el caballo que no tenia ningún tajo en la oreja había recibido uno, y ahora los dos rucios tenían cada uno un tajo en una oreja, y para mas güevos ambos en la izquierda (y que nadie le busque a esto un sentido político).
Brilla al sol (de nuevo) el acero del gran jefe Asha (solo para los amigos ojo, que de cabelleras cortadas ni os cuento), y de un tajo certero marca la intacta oreja de uno de los caballos, para después dictar sentencia (dura vida la de los guías que además son jueces). Enfunda el cuchillo y mira serio a los dos guerreros (que además eran jóvenes), entonces habla, sabio como su pueblo.

-Caballo con cortes en dos orejas ser de Tamanakakuati, y caballo con corte en una oreja ser de Impeesababuka. ¡Jau!.

Pero las cosas nunca son como el hombre propone, pues ya sabemos todos que el inexistente dios siempre dispone, y si pa encima tienes tantos dioses como los indios ni te cuento. Vamos, que volvieron los Pepemboke a buscar jarana con lo del burro del puto tatarabuelo, ya son ganas.
Y así que tal, según estaba la batalla ya para terminar y largarse todos tranquilos a sus tipis va uno de los Pepemboke y zas, a joder la marrana que por lo visto estaba poco jodida, tajo en la oreja del caballo que montaba Impeesababuka, como si el pobre animal tuviese la culpa hombre, como si no hubiese ya bastante leyenda, ¡mala hostia tienen los Pepenboke joder! Y además el burro no era tan malo cuando crió unas mulas del copón, si es que…
Seguimos.
Cuando el gran jefe Balunkaonukasha (ni Asha para los amigos ni mis cojones treinta y tres, que a esas alturas ya no estaba para bromas) vio venir a los dos guerreros (que ni eran tan jóvenes ni na, pa que vemos a engañarnos) se levantó, sin soltar el kalumet (por si acaso quemaba la piel del tatanka de mierda por tercera vez).
Hay veces que a los guerreros les pierde el ardor, y claro, a su vez pierden el respeto y se olvidan de las costumbres, la educación y demás. Que si mi caballo, que si el tuyo, que si el mío, que si esto, que si lo de mas allá. De esta guisa se presentaron ante al gran jefe Balunkaonukasha, Que era el guía de los Papalota, (descendiente de Papalota por parte de madre y por parte de padre de un abuelo blanco que había venido de inmigrante de un pueblo llamado Grameu, que está en Asturias, concretamente en la cuenca del Nalón, cerca de Mieres, ya sabéis).
Balunkaonukasha, Asha, Lolín para su abuelo (que se llamaba Manolo) miró a los caballos, a los guerreros, otra vez a los caballos…y de nuevo a los guerreros, dio a la cabeza mientras decía para si “ay Manitú Manitú”, e irguiéndose firme y majestuoso, con ese gesto que tiene los Papalosa (y los de Grameu), hablando con la sabiduría de Hactine, olvidando por un momento su lengua materna y acordándose del ancestral idioma y la mala leche de su abuelo, cogió a los dos mandrias por el pecho al tiempo que les decía.

-¡Ya me tenéis hasta los putos cojones!. ¡Vamos a aclarar les coses de una puta vez mecagonmimantu!. Y encarándose con los dos les dijo: ¡Vamos ver oh venir pa aquí,tu “Niño deja ya de joder y vete con la abuela” y tu “A ver cuando hechas novia y te largas de casa”, que quede claro desde ahora…!¡caballu blancu pa ti y caballu prietu pa el otru! Y a mamaila a Pelayo que la tien de bronce y vosotros ya me tenéis hasta los putos gúevos, amos anda.


Y colorín colorado esta historia casi se ha acabado. Todavía siguen con la del burro.
Publicado por seudolus @ 20:20  | La Marmita de Seudolus
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Comentarios
Publicado por Nereida4
Martes, 04 de julio de 2006 | 18:31
Jajaja jajaja, Seudolus. Vaya lo que da de sí la pipa de yerba de la pradera.Muchas risas Muchas risas
¡¡¡Qué cuelgue!!!