No ordenó Luis que se le amarrase al palo mayor de su barco, ni que a nuestros jóvenes remeros se les taponase los oídos con cera. Entonaron las sirenas su eterna canción y una vez más nuestro barco arribó en una playa llamada desengaño. Pasarán años entre alabanzas, hermosas telas de seda, perfumes que embriagan los sentidos, desmesurados festines e interminables agasajos. Franqueado cierto tiempo zarpará de nuevo el barco cargado del mismo sueño, aunque es mi deseo que para entonces ya conozcan todos quien es ese al que llaman Homero.
No quiero extenderme en la crítica hacia nuestra selección de balompié, soy de los que piensa que este hermoso y difícil deporte no es más que un fiel reflejo de la sociedad que representa.
Tan sólo pido un par de cosas: que nuestro entrenador no sea un traidor (como el actual) y que la prensa no haga las alineaciones.
Por mi parte dentro de dos años (si por aquí estoy, jajajaja) volveré a cantar el “a por ellos oé” porque vivo fútbol, sueño fútbol y deseo lo mejor para mi selección.