Llevo algún tiempo ausente de vosotros y aunque nadie me lo pide, daré una pequeña explicación de mi mutismo.
Tenía entre manos un asunto que si bien no era crucial, si era al menos importante para mí. Hablo de un examen para promocionar en mi trabajo; de forma que dediqué parte de mi tiempo a estudiar, o eso creía yo.
Sacrifiqué mi ocio y parte del de mi familia y deje varias de mis buenas costumbres; entre ellas la de abrir de vez en cuando el cajón de sastre o la de vagabundear en mis viajes.
Llené mi tiempo de leyes y ordenanzas, fijé toda mi atención en los sobados textos de legislación que son el único nexo de unión entre mi propio mundo y la realidad laboral que me rodea y machaconamente apreté todas las palabras en mi ya mermado cerebro, un día tras otro. Abstrayéndome cada día un poquito mas, hasta llegar a sentirme ausente del mundo.
Y por fin, llegó el momento de rendir cuentas de tanto esfuerzo, esa mañana me levanté de buen humor y viajé hasta la localidad de Baeza, en Jaén, me disfracé de examinando sesudo y seguro de mi mismo realicé la prueba.
Lo que hice, que yo creía un examen, en realidad fue un ensayo científico que me ha servido para demostrar irrefutablemente, que a partir de una determinada edad, (que no viene al caso), y aunque el aspecto exterior de un humano, no denote ningún síntoma, es muy posible que en casos determinados, su cerebro se haya convertido en corcho, y ya no sea capaz de absorber nada, de tal manera que las definiciones, datos y conceptos floten por encima de la materia gris sin impregnarla, ni mancharla siquiera.
Eso es todo, por ahora estoy con vosotros de nuevo, y el año que viene lo intentaré de nuevo, mediante un sistema de dilución, que si tampoco da resultado, variare a uno de osmosis inversa. Saludos y gracias por guardarme el sitio.