lunes, 22 de mayo de 2006
El emperador Carlomagno se enamoró, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el soberano, poseído de ardor amoroso y olvidado de la dignidad real, descuidaba los asuntos del imperio. Cuando la muchacha murió repentinamente, los dignatarios respiraron aliviados, pero por poco tiempo, porque el amor de Carlomagno no había muerto con ella. El emperador, que había hecho llevar a su aposento el cadáver embalsamado, no quería separarse de él. El arzobispo Turpín, asustado de esta macabra pasión, sospechó un encantamiento y quiso examinar el cadáver. Escondido debajo de la lengua muerta, encontró un anillo con una piedra preciosa. No bien el anillo estuvo en manos de Turpín, Carlomagno se apresuró a dar sepultura al cadáver y volcó su amor en la persona del arzobispo. Para escapar de la embarazosa situación, Turpín arrojó el anillo al lago de Costanza. Carlomagno se enamoró del lago de Costanza y no quiso alejarse nunca más de sus orillas.
Publicado por Atreyu15 @ 16:51  | Micro-relatos
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Nereida4
martes, 23 de mayo de 2006 | 20:59
Poderoso el anillo…
Por lo menos al final se enamoró del lago y no de un pato… Vacilando