sábado, 22 de abril de 2006
La solitaria bombilla que colgaba del techo apenas emitía la suficiente luz para traspasar el polvo acumulado sobre ella. El cuarto era pequeño, pintado en un azul ya distante. La humedad de las paredes competía con un espejo y una vieja fotografía en tonos sepia que, ladeada, presidía la cabecera de un herrumbroso camastro; frente a éste una mesa de madera y un taburete de tres patas que reposaba tirado en el suelo. Una minúscula ventana comunicaba el cuarto con el exterior, un patio sombrío; se mostraba tapiada por amarillentos y desbaratados papeles de periódico que no impedían la entrada del aire frío.
En el cuarto una sombra alargada recorría las paredes de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, en suave movimiento, como si tratara de negar lo sucedido. Todo parecía girar en torno a José que permanecía pasivo en el centro de la estancia y aunque sus ojos se mostraban muy abiertos era incapaz de distinguir su imagen en el espejo. Parecía absorto, con la barbilla apoyada en el pecho, una incógnita mueca en los labios y el rostro aparentando contemplar el pequeño charco que se formaba bajo sus pies. Era un hombre de cabellos lacios y precoces canas; su piel presentaba el aspecto arrugado de un trozo de papel de aluminio usado una y otra vez; los dedos nudosos, encallecidos por el trabajo, eran coronados por uñas largas con rastros perennes de tierra. Vestía una chaqueta de pequeños cuadrados en tonos marrones; abrochada por el único botón que lucía dejaba asomar una camisa zurcida, destinada, en otro tiempo, a cubrir el cuerpo de un hombre más fornido. Un pantalón gris oscuro que a duras penas se mantenía sobre su cintura, pues le faltaba la cuerda habitual con que se lo ceñía, y unos zapatos de indefinible aspecto completaban su atuendo. La sombra, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, proseguía su danza en la habitación.

Por un pasillo estrecho, en el que la oscuridad apenas dejaba entrever el deterioro, avanzaba una mujer que parecía llevar muchos inviernos sobre su espalda. De aspecto extraviado y ligera cojera detuvo sus andares ante la puerta entreabierta que daba acceso al cuarto de José. Tras apartarse hacia un lado dio paso a dos hombres y una mujer que, con rostro grave, iban tras ella. Fue el más joven de los hombres el primero en acercarse a José y rodearle con sus brazos.
José nunca supo de cariños efusivos; desconocía el calor de la amistad y esa ola que se desliza por dentro cuando se es estrechado por unas manos incondicionales. No conoció más caricias que las del aire sobre su cara, ni otra calidez que la aportada por el sol. No sería en ésta ocasión cuando descubriese esas sensaciones pues, su cuerpo, apenas se mantenía tibio y cierta rigidez se apoderaba de él cuando le tendían sobre el desvencijado catre. Unas manos retiraban de su cuello la cuerda que tantas veces sostuvo el pantalón a su cintura mientras la joven funcionaria rellenaba un impreso certificando su óbito.

Enterrado entre olvidados, en ese lugar del cementerio en donde el silencio parece dormir, yace el cadáver de José, el que jamás supo de abrazos.
Publicado por Atreyu15 @ 23:05  | Relatos del blog
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Comentarios
Publicado por Manchurri
lunes, 24 de abril de 2006 | 19:16
Es un buen relato, tiene el desenlace muy bien planteado y todo el relato está construido hacia el final, no te deja pensar en lo que lees mientras lo describes, y cuando quieres recapacitar ya llega el fin, inesperado. Me gusta, si bien aunque yo he llegado el ultimo a este barco, convengo con los demas marineros, en que te gusta demasiado la muerte, y en este caso la soledad, aunque no seré yo quien lo critíque.
Publicado por Atreyu15
lunes, 24 de abril de 2006 | 19:47
Celebro que te guste el relato Manchurri. En cuanto al tema de la muerte… pues no se que decir… en fin… es algo que tengo asimilado como el comer o respirar… es casi lo más cotidiano que hay. Es curioso pero aún recuerdo un sueño que tenía cuando era un niño que empezaba a dar los primeros pasos y está relacionado con el tema; para que luego digan que las personas no tienen recuerdos de tan temprana edad… Guiño
Publicado por seudolus
martes, 25 de abril de 2006 | 14:01
Coincido con Manchurri en que el relato es bueno, está bien construido, con unas descripciones del ambiente que te permiten ir observándolo in situ según nos lo cuentas, el relato es tranquilo y sin cortes, con un final sorpresa (que no final trampa), y un desarrollo que esta muy claro a que final te va a llevar...después de haberlo leído otra vez. Como pegas señalarte que el tema me parece demasiado recurrente, este relato es como si fuera una extensión de otros relatos tuyos. El relato está bien escrito y se lee bien.
Publicado por seudolus
martes, 25 de abril de 2006 | 14:02
En cuanto a los temas que tratas la soledad no siempre es negativa y triste, pues hay veces que se está muy a gusto solo. El desamor duele cuando te dejan, pero tiene la ventaja que te permite cambiar de hembra más a menudo que a los que tienen una para toda la vida. Y la muerte, eso tan cotidiano, la tratas de una manera oscura, triste y solitaria, no como la muerte asumida y llevada con el valor de los héroes, si no como a la muerte presentida pero no asumida de los vencidos. Pero bueno, cada uno escribe lo que le da la gana.
Ya nos contarás de esos abordajes.
Publicado por Atreyu15
miércoles, 26 de abril de 2006 | 18:47
Seudolus, pues sí, dando un repaso a mis relatos observo que la muerte está presente en casi la totalidad de ellos, en fin… ¡se “muere” uno tantas veces a lo largo de su vida!
Discrepo en cuanto a el trato que dices le doy a la muerte (oscura, triste y solitaria) y más en éste relato, pues si hay algo realmente oscuro en el escrito es la vida y nada más que la vida del personaje, que por cierto, creo que elige una opción (no sé si acertada o no) muy difícil de asumir.
Me alegra que te guste el relato Guiño
Publicado por Nereida4
martes, 02 de mayo de 2006 | 18:05
Me ha gustado tu relato. Coincido con los “compis” en que está bien escrito y presenta un final inesperado.
Pero… también coincido en que aludes demasiado en tus relatos al tema de la muerte. No entro a valorar de qué manera sueles enfocarla, simplemente me parece que tarde o temprano terminas mencionándola en todos tus relatos. Angelito