Si alguna vez vais a Zaragoza, vereis que es una ciudad donde se pueden ver muchisimos sitios e infinidad de cosas curiosas. Desde luego, no podremos decir que no hay nada que ver; así por encima, El Pilar, la Seo, incontables iglesias, la Puerta del Carmen, La Aljafería, el barrio del Tubo.
Hay que ver el Ebro desde el puente viejo, los futboleros tienen que ver el estadio de La Romareda, (el Real Zaragoza, siempre ha sido un equipo querido), hay que ver la evenida de la Independencia y el centro, y yo que se cuantas cosas mas, seguramente de muchas me olvido y otras no las conozco.
Pero seguro que después de ver todo eso querremos descansar, al menos un poquito. La cantidad de bares, mesones, fondas, pubs, cafeterías, tascas, tabernas y otros muchos locales de parecido pelaje, son innumerables; pero el que a mi mas me gusta, aquel al que siempre vuelvo, el que os recomiendo, es el local donde estoy escribiendo estas letras (lo que no le aporta nada), se llama "Casa de comidas La Republicana", está en la C/ Mendez Nuñez nº 38.
Es un local bastante grande, aunque parece pequeño por acogedor, no es nuevo, ni viejo, es intemporal; está decorado como uno de aquellos colmados de mediados del siglo pasado donde lo mismo te tomabas un vino que te comprabas unas velas o una cacerola.
Todo está sacado del siglo pasado, ninguno de los objetos expuestos en las estanterías es copia, todos son originles y a gente de mi edad algunos nos suenan, en sus paredes cuadros con estampas aragonesas de personas en traje regional, y acompañando a los cuadros en las paredes, placas esmaltadas con inscripciones y carteles curiosos por antiguos "Principal", "Comedor", "Escalera B", "prohibido escupir", etc...
En los estantes mil y un artilugios de toda indole,molinillos de café, camaras de fotos, latas de sardinas, tarros con caramelos, botellas y sifones como no podía ser menos tratandose de un bar, completan el cuadro, un piano viejo y mesas con manteles de cuadros.
Solo destacan del conjunto el puñetero ordenador de la caja, las salidas del aire acondicionado y los extintores, que nos devuelven a nuestro presente cuando la vista tropieza con ellos.
La música es suave, al volumen justo para ser oida y permitir las veinte o treinta conversaciones que se mantienen cuando el local está lleno; y las tapas, son cojonudas, muy elaboradas y con variedad, solo tienen en contra ser un poquito caras. El ambiente es casi perfecto.
Siempre que voy a Zaragoza, me acerco hasta allí, leo, me tomo una patata rellena u otra tapa según esté el día, me bebo un vinito de cariñena o somontano, y luego remato la faena con un descafeinado, eso si, con sacarina que hay que cuidarse.
Cuando me voy, siento que estoy restaurado interior y exteriormente, no tengo arrugas de preocupación en la frente, ya no aprieto las mandibulas, mi respiración es tranquila y hasta sonrío.
Si vais a Zaragoza, id, os gustará.
La calidad de las fotos no es muy buena porque están hechas con el movil.