Está muy bien esto de los Haikus, y ahora los Tankas, ademas de aquellas otras formas poéticas de las que estos proceden, logicamente también japonesas.
No conocía ninguna de ellas y me ha sorprendido y mucho, la cantidad de normas, algunas incluso contradictorias que rigen a estas formas poéticas, me parece que si se pueden seguir, obligan demasiado y encorsetan demasiado la creación. Así entiendo que Seudolus diga que las normas se aprenden y luego se olvidan evitando las restricciones.
Yo por mi parte os propongo otro tipo de poemas, totalmente españoles,y de los cuales colgare en este mismo artículo las normas que los rigen, son propicios para provocar la sonrisa aunque pueden llegar a ser crueles, pero siempre son divertidos. Estoy hablando del epigrama, forma de verso que nos viene de antiguo; epigramas solian ser los comentarios que circulaban en los mentideros del Madrid del siglo de oro y en todas las ciudades de España.
Han servido siempre como denuncia del abuso de poder, de lo mal hecho, y como defensa del sentido común y la limpieza social, según escribe Ussía.
También han servido como valvula de escape del pueblo al reirse de forma sutil de los poderosos, ridiculizandolos o resaltando sus debilidades y defectos, que los convierten en humanos como los demas.
Bien, así puesto, las normas para escribir epigramas, según Juan de Iriarte, epigramista reconocido son estas.
A la abeja semejante
para que cause placer
el epigrama ha de ser
pequeño, dulce y punzante.
No hay mas, ni hacen falta mas, y como botón de muestra ahí van unos epigramas escritos por Pedro Muñoz Seca, autor de "La Venganza de Don Mendo", junto con las situaciones que los provocaron.
Espero que os gusten.
Ocurrió que D. Pedro Muñoz Seca, vivía en Madrid, en una finca de la calle de Velazquez, y que con pocos días de diferencia fallecieron los porteros de dicha finca, una venerable pareja de ancianos, querida y respetada por todos, fueron enterrados juntos, y uno de sus hijos, le pidió a Muñoz Seca que le escribiera un epitafio para sus padres y este, cumplió el encargo y le escribió el siguiente verso:
Fue tan grande su bondad,
tal su generosidad
y la virtud de los dos,
que están con seguridad
en el Cielo, junto a Dios.
Pero el Obispo de la diócesis, a cuyo conocimiento y aprobación había que someter el texto de los epitafios y leyendas de los camposantos,rechazó energicamente su contenido, con el argumento de que Muñoz Seca no era nadie para asegurar que los porteros estaban en el Cielo, y junto a Dios. No tardó Muñoz Seca en escribir un segundo modelo de epitafio.
Fueron muy juntos los dos,
el uno del otro en pos
donde siempre va el que muere...
pero no están junto a Dios,
porque el Obispo no quiere.
Indignación episcopal ante el segundo texto, algo mas conciliador que en los primero momentos de excitación, el Obispo escribe una nota que envía urgentemente a Muñoz Seca, en la que le dice: "Ni yo ni ningún otro representante de la Santa Iglesia, intervenimos para nada en el destino de los difuntos, por tratarse de un misterio inescrutable, que ni usted, a pesar de su buena voluntad, ni nosotros estamos capacitados para aclarar.
Muñoz Seca le contesta con un tercer verso.
Flotando sus almas van
por el eter débilmente,
sin saber que es lo que harán,
porque desgraciadamente
ni Dios sabe donde están.
Con este último epigrama quedó zanjada la cuestión, tal como lo relata Ussía en su libro "Coñones del Reino de España", que aunque nos deja sin saber que epitafio se colocó al final, es un libro que os recomiendo para despertar la sonrisa y el gusto por escribir pequeños versos punzantes.