lunes, 10 de abril de 2006
Tenía cierta vieja la costumbre,
al meterse en la cama,
arrimarse en cuclillas a la lumbre,
en camisa, las manos a la llama.
En ese breve rato,
le hacía un manso gato
dos mil caricias tiernas:
pasaba y repasaba entre sus piernas.
Y como en tales casos la enarbola,
tocaba en cierta parte con su cola.
Y la vieja cuitada
muy contenta decía: Peor es nada.
Publicado por Manchurri @ 12:05  | Fábulas
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Publicado por Nereida4
lunes, 10 de abril de 2006 | 18:53
Simpática fábula. Simplemente añadir que su título es “La vieja y el gato”.
Publicado por Invitado
lunes, 19 de mayo de 2008 | 2:11
me encanta como escribes